jueves, 16 de diciembre de 2010

cuando tenia 7

A pedido de mi queridisima hermana Milial:

Un amigo me hizo una pregunta hace untar de semanas…

Pregunto que soñaba yo cuando tenía 7, y mi respuesta fue: ¿Estas seguro de que querés saber que soñaba yo cuando tenia 7?

Sep…

De que soñaba yo cuando tenía 7, de monstruos y ogros de demonios y ángeles, de bestias y niños de muchos brazos lenguas y piernas… De ácidos y océanos vivos que te devoraban cuando te les acercabas demasiado….

Soñaba seguido d un demonio rojo, de seis brazos y seis cuernos de melena negra y cuatro alas, de apariencia bestial pero hermosos rostro. De rugidos y aullidos y de profunda voz, de ojos amarillos y piel con escamas de serpiente. El era lo suficientemente grande como para agarrar mi cuerpo y que con su puño cubra casi todo mi pequeño torso.

Soñaba que corría escasamente protegida por un taparrabos, cerraba los ojos por que no quería mirar, el magma, la luz y el calor, el irregular camino negro derritiéndose debajo de mis pies. No quería mirar la abultada lana que en mis muslos y brazos le daba comienzo a las patas de oveja que reemplazaban mis miembros. No quería escuchar su risa burlona mientras se divertía persiguiéndome.

El solo se acercaba cuando yo golpeaba el piso, cuando de tanto correr y llorar mi corazón quería explotar, cuando el miedo ya era demasiado para poder pensar.

El mordía mi piel, solo con sus incisivos, pellizcando mí estomago mis hombros y mi pecho. Se llevaba mi cuello a la boca dejándome sentir los afilados y largos colmillos que poseía. Con sus garras me arañaba la espalda y lamía lánguidamente la sangre que brotaba.

Con todas sus manos me sostenía cerca del piso del abrasador calor que me dejaba distinguir su frió toque. Y prometía, prometía tantas cosas. Prometía que yo seria su oveja mas negra, que en esta tierra no habría nadie que no me quisiera y que al mismo tiempo nadie me querría por que yo era de él y solo de él, que yo no querría a nadie mas que a él y lo buscaría aunque costara mi vida.

Lo dejaba hacer, lo dejaba estar, por que sabía que aquello que se escondía detrás de mis parpados, solo un poco más allá del camino, era, a demasiados niveles, muchísimo peor que esto.

Bestias de varios miembros y hedores insoportables de bocas que ocupaban hasta por debajo de sus costillas con infinidad de lenguas colgantes y filas de dientes, con una acida y espesa saliva negra y marrón. Desde tan grandes que podrían comérselo a él de un bocado a tan pequeñas como ratas. Pero sabía que era por él que permanecían en el límite. Así que lo dejaba hacer conmigo lo que quisiera.

El sueño vino varias veces, era siempre más o menos el mismo, cambiaba donde yo lo cambiaba, corría más, corría menos, con los ojos abiertos o cerrados. Pero el siempre me atrapaba cuando caía, siempre me trataba con exceso cuidado aunque me lastimara. Siempre prometía las mismas cosas.

¿Por que estoy escribiendo esto ahora?... Por que el vino anoche y sonrió malévolo cuando descubrió que ya no era una niña.

Me voltee para empezar desesperada carrera, esperando de alguna forma que la rutina siguiera solo para darme algo de tiempo. Mi pseudoadultes, mi experiencia, convenciéndome de que podía pensar en algo antes de caer. Pero él no me dio oportunidad.

Apenas gire sobre mis pesuñas sus enormes manos encontraron mi pecho, apretando con tanta fuerza que pensé que mi piel iba a estallar. Otro par de manos encontró mis muslos e inconcientemente baje mi cabeza para verlo, mi lana no era blanca, pero tampoco era negra. Era gris, tan gris que parecía plateado. El brazo derecho del restante par me tomo por la cintura alzándome contra su torso. Mis pequeñas manos luchando con las suyas en mi pecho, la sangrienta imagen de mi piel estallando llenando mi mente.

- Duele.- Respire más para mi misma en la desesperación.

- Quiero que todos te oigan.- Susurro en mi oído derecho, sus colmillos encontrando mi hombro sin piedad, la sangre broto. Carmesí sobre blanco, lánguido y furioso. El metálico líquido embarrándose en mi piel debajo de sus dedos.

El dolor era intenso, más que el miedo. El grito quemó mi garganta, incontenible, insoslayable. Y me odie a mi misma por encontrar el sonido trágicamente hermoso.

Lamió hambriento la sangre en mi espalda, su enorme lengua recordándome que tan pequeña era. Dejo ir mi pecho para tomar mis brazos y girarme en los suyos. Mi ridícula resistencia provocando una encantadora risa que hizo vibrar su pecho.

- Basta.- Ordene. Cociente de que todo era un sueño. Mi sueño. Debía de poder dominarlo.

- La orden debe venir de otro lado Amada Mía... Mía…- Las palabras rodando entre sus gigantescos caninos, mientras bajaba la cabeza a mi abusado hombro para beber la sangre que brotaba suavemente.

Estaba sosteniéndome firmemente contra su pecho, mi cabeza colgando hacia un lado, podía ver la increíble cantidad de testigos hambrientos, no solo los perros pútridos de siempre sino una indefinida cantidad de otro tipo de bestias y humanoides. Mi visión se volvió borrosa y cerré los ojos dejando escasas lágrimas caer. Mis brazos empujaban casi sin energía sus hombros, el par más arriba de los otros dos. Estaba temblando. Me maldije a mi misma y mi torcida imaginación.

El era todo lo que yo quería y más. Pero no era lo que yo quería. No podía controlarlo. El tacto de su piel, su respiración fría sobre la mía, sus manos calientes y su pecho frió y rígido. Me maldije a mi misma otra vez, pensando que nunca debí tocar esa serpiente en el acuario, nunca debí descubrir que tan suaves y frías eran.

Sus gigantescas manos se movieron separándome de mis distracciones, un par encontraron su comodidad en mis caderas mientras otro par acariciaba y peinaba la lana en mis muslos. El último par me sostenía por la espalda y de los hombros.

Me distraje viendo mis manos. A diferencia de antes y de mis pies no eran pesuñas. La lana llegaba hasta los nudillos y mis palmas eran rugosas y duras como el interior de una pezuña. Mientras mis uñas eran negras y gruesas, cuadradas y no largas.

Mordió mi pecho izquierdo entonces. Metiéndolo completamente en sus fauces, succionando como un niño hambriento. Su saliva lubricando la frágil piel, su áspera lengua felina dándome sensaciones que no quería.

- Basta, por favor.- Mi voz se quebraba con un llanto que escasamente podía contener.

- ¿Por qué? Apenas estamos empezando y he esperado eternidades por esto. – Se tomo un minuto para seguir devorando mi piel.- Si de verdad quisieras detenerme podrías hacerlo.- Vi sus alas entonces plegándose a cierta distancia sobre mi cuerpo. Estaba protegiéndome de los hambrientos ojos animalescos. Mi cuerpo al menos. - Quiero que te escuchen, no que te vean. – La pregunta que no pude enunciar. - Sos Mía. – El hambre en sus palabras me asustaba pero no por él, sino por los oscuros deseos que despertaba en mi interior.

Mi cabeza colgaba hacia atrás casi rendida a lo que estaba por venir. Y mi mente me propició la más etérea de las sombras. Parado a un par de metros de mí, una sonrisa elevada solo en el lado y la cara de tonto más hermosa que yo podía recordar haber visto.

- Te amo. – Las palabras escapando mis labios, entre agitados tragos de aire.

El rugió con tanta fuerza que mis oídos se quedaron sin capacidad un minuto. Uso sus enormes alas para cubrir mi rostro. Las manos sosteniendo mis nalgas moviéndose violentamente, arrancando mi única y escasa vestimenta.

- ¡El no puede alcanzarte acá!- El rugido bestial y enfurecido.

Entonces sus dedos acariciaron los labios en mi entrepierna desde atrás uno de ellos abriéndose paso entre los carnosos bultos de piel hasta aparecer del otro lado. Poniendo en el movimiento tanta presión que mi cuerpo tembló ligeramente. Podía sentir una bestia igual de terrible que él golpear los muros de mi mente. Un fuerte gemido encontró su lugar en mi garganta. Poco duro antes de transformarse en llanto.

- No…

-Si… - Golpeaba la voz como el viento, hambrienta como cazador sin presa. Mi mente no tardaría mucho más en perderse. ¿Por que era tan difícil?

Lo había hecho tantas veces en mis sueños. Ponerles pausa y cambiar las cosas como las necesitaba. Caer de la nada y mover las cosas con mis propias manos. Tal ves insignificancias pensando que una escena se vería de una forma mejor que de otra. Pero no importa que tanto esfuerzo hiciera mi subconsciente quería ser violada por el demoníacamente hermoso demonio. Entonces lo entendí.

- Es una pesadilla… - Dije resignada. La risa vibro con fuerza en su pecho llevándome a alturas que no quería llegar.

- La única razón por la que es pesadilla es por que estas pensando en él. – Mi corazón se quebró y mis lágrimas se secaron. Lamió mi pecho hasta mi cara en cortos y rítmicos movimientos. Bebió lágrimas secas sobre mi rostro con dedicación y pereza. Su cuerpo se movió entonces y pude sentir sus piernas con mis patas. Se había sentado. – Querés esto tanto como yo. – Sin soltarme me separo se su pecho y me recostó sobe sus piernas, cruzadas en el piso, el par de manos en mi espalda moviéndose a mi pecho.

Sus manos eran suaves ahora, persistentes en tener tanto de mi como pudieran, pero tan suaves que no podía sentirme invadida. La mano izquierda en mi cadera me abandono un instante. Abrí mis ojos y horrorizada vi sus dedos abandonar su boca y plantarse con una ligera violencia entre mis piernas. No me había penetrado todavía, una ligera frustración y alivio llenaron mi mente. Y yo solo quería poder dejar de sentirlo tanto. Pero sus dos manos trabajando meticulosamente todo el espacio en mi entrepierna me hacia imposible divagar. Entonces pensé en algo.

- ¿Por que yo?- Por que no cualquiera de los otro yo que habitaban mi mente sino el yo que era la directora detrás de cámara, no la protagonista principal.

Su risa vibro y no pude estar más agradecida de ya no estar plantada contra su cuerpo.

- Por que no importa cuanto lo niegues los has visto. La forma en que te miran cuando no tener vergüenza de contestar sus preguntas. La forma en que notan que tu mirada cambia cuando querés devorarte a alguien. La forma en que tu cuerpo se mueve y se ajusta. No importa cuanto trates de engordar, no importa que tan mal te vistas o cuanto te descuides. Cuantos días esperes para bañarte o que tan desprolija te veas. Ellos te ven. Y saben. Saben lo hambrienta que estas, lo oscura que podes ser, lo suave y hermosa, lo salvaje e indomable. Pero tenés dos hermosas maldiciones.- Acentuaba sus palabras con sus movimientos, con caricias bruscas y pequeños pellizcotes.

- No son maldiciones.

- Sin ellas serias lo suficientemente libre…– Empujo juntos mis muslos dejando los dedos que me invadían desde atrás, mientras se llevaba los dedos a la boca de nuevo. Estaba probándome. Estaba perdida.

Su mano libre empujó mis piernas hacia delante y las manos en mis muslos y pecho me llevaron hacia el. Con el trasero en alto y la vagina descubierta. La mano en mi cadera girando a una pocisión más cómoda. Marcando amplios y profundos círculos en los abusados labios. Mi cuerpo me abandono entonces emitiendo hermosos gemidos suaves, mi respiración se había vuelto tan difícil que estaba convencida de que mi mente no estaba recibiendo suficiente oxigeno. Sus alas se doblaron entonces y pude sentir su fuerte respiración sobre la expuesta, húmeda e irritada piel. Entonces su lengua recorrió desde detrás de cóccix hasta la mitad interna de mis muslos. Áspera y profunda, forzando su paso a través de la carne. Un placentero grito atravesó mi boca. Mi mandíbula colgaba mientras trataba desesperada de recuperar algo del aire que me había sido robado.

En la distancia los demonios enloquecían. Querían más. Y no podía sentirme peor por que yo quería más también. El se encorvo sobre mi y pude sentir los tres poderosos penes ubicarse entre los muslos que el sostenía juntos con fuerza. Era su turno de guturar. El ultimo de los miembros rozando y abusando de mí. Pero se sentían tan bien. Mi respiración errática y mi voz incontrolable.

- Si… Así… - El gimió. Y me odie a mi misma, tanto.

Mis manos abandonaron su lugar sobre las manos masajeantes e insistentes en mi pecho. Y les permití ir al suyo. Sabia que empujar era imposible. Pero su pecho estaba tan frió. Entonces lo note. No había un latido.

El gemía, guturaba y rugía. Sus movimientos cada vez más bruscos mientras más se doblaba sobre mí para compensar la diferencia de tamaño. Los gigantescos miembros viriles violaban mis mulos con tanto placer que me vi a mi misma llevando las manos a ellos ofreciendo un poco más, al permitirles chocar con mis palmas cada vez que atravesaban la ancha carne. Su respiración se volvía errática y yo pensaba como pretendía el usar esos tres miembros. Me permití a mi misma estudiar su cuerpo un poco más, el estupor separando la mente de la carne con una finalidad innegable. Me vi escribiendo una historia en mi cabeza. Un sueño lejano de una línea de sacerdotisas y las puertas del infierno. Sí, era una historia sexual y obscena pero era lo que necesitaba para él. Eso y un nombre. Mis manos volvieron al ancho pecho y pude sentir ese extraño amor brotar dentro de mí.

Acaricié la cuerina piel y clave ligeramente las uñas, apenas consiguiendo que las escamas se doblaran sobre si mismas. Pero entonces pasó. Pude ver las fibras musculares empezar a dibujarse con pequeñas luces dentro de su pecho. El rugió con fuerza, una furia apagada. Llevo sus colmillos a mi garganta una amenaza que no podía cumplir. El movimiento liberando los miembros entre mis muslos para dejarlos reposar acumulados entre las entrada de mi vagina y ano. El movimiento espasmódico ligeramente empujando.

Pero entonces entendí, solo se estaba despidiendo de mí. Las luces terminando de dibujar el órgano que allí no estaba. Un corazón, pero no cualquier corazón. Uno que estaba enamorado, una pesada carga para alguien con semejante lujuria. Gruño, suavemente la vibración golpeando directamente mi yugular.

- Abad…- Tan simple como eso. Un nombre contradictorio para el líder de los demonios. Aquel que a pesar de sus faltas conseguiría santidad en su sacrificio.

Desperté entonces… con sus colmillos en mi garganta y su pecho en mis manos, la sensación tardo demasiado en irse. Y no podía dejar de preguntarme que tan real es lo irreal que habita en mi mente.


Grafito


1 comentario:

  1. Sn duda de mis favoritos! Me encanta todo el simbolismo con el que escribes, sobre todo porque es natural. Kissu hermana!

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