miércoles, 3 de octubre de 2012

Qué extraño...

"Tú eres la llamada, y yo la respuesta,
Tú eres el deseo, y yo su cumplimiento,
Tú eres la noche, y yo el día.
¿Qué más? Es perfecto.
Perfectamente completo,
Tú y yo, ¿qué mas...?
Qué extraño que pese a todo suframos tanto."

D.H. Lawrence,
Brinda Hennef

viernes, 4 de mayo de 2012

Encantos...

Cabe mencionar que este cuento fue inspirado por un cuento más corto.

Cuando lo leas recordarás ;)

Sin más que decir, aquí lo tienen:

La primera vez que la vi, algo en ella me cautivó, en ese momento no tuve oportunidad de hablarle. Más bien no me atreví pues mi extrema timidez me lo impidió.
Pensé que nunca la volvería a ver de nuevo, como es frecuente que suceda. Sin embargo al otro día la vi de nuevo y nuevamente sentí en mi interior esa sensación tan fuerte. Una atracción indescriptible corría  frenéticamente por mis venas. Entonces surgió en mí una extraña curiosidad de saber qué era lo que causaba esa atracción extrema.
A los siguientes días la miraba tratando de encontrar la respuesta y satisfacer esa curiosidad, que se había tornado en una necesidad. Entonces ella volteó y me quedó mirando fijamente a los ojos y sus labios dibujaron una hermosa sonrisa, dejando al descubierto unos hermosos dientes. En ese instante supe que mi búsqueda había llegado a su fin. Sabía qué era lo que causaba esos sentimientos desorbitantes. Entonces me sin dudarlo me animé a invitarla a salir.
Lamentablemente a los días siguientes sus ojos poco a poco fueron perdiendo su brillo y sus dientes se tornaron opacos y poco a poco fueron adquiriendo un tono amarillento. El darme cuenta de esto me hizo sentir un poco mal y quizá hasta un poco culpable por tenerlos aquí, en mis manos…

sábado, 28 de abril de 2012

Letras en el infinito...


Este era un chico peculiar, lo era porque pareciese que nadie notara su existencia en los lugares a los que iba. Incluso sus maestros en la escuela nunca mencionaban su nombre al pasar lista, pues afirmaban “no lo habían visto al entrar al salón”.  A este chico le gustaba mucho leer. Era su único escape de la “realidad” que a sus ojos no tenía ningún sentido, todo lo que acontecía en el mundo era una aberración y un insulto a la vida misma, asesinatos, secuestros, guerras, crueldad, odio, enfermedades y un sinfín de males no tenían cabida en una mente racional como la de este chico.
Al llegar a casa lo primero que este chico hacía era subir a su habitación a leer. Evitaba formar parte de los problemas familiares. Pues en su casa siempre había algo que discutir. Cuando las cosas se ponían más violentas salía por su ventana con una mochila llena de libros y desaparecía por días, al regresar nadie lo notaba, era como si nunca se hubiera ido, lo cual le venía perfecto.
Cierto día mientras caminaba hacia la escuela se topó con un anciano que vestía de manera extraña, el anciano al igual que todos pareció no notar su presencia caminaba delante del chico. Al dar vuelta en una esquina abruptamente un reloj se le cayó al viejo, al parecer no lo notó, el chico lo recogió y cuando alzó la vista para devolver el artefacto no vio al anciano, era imposible que haya caminado tan rápido como para perderse de vista, sin embargo el chico ya no lo vio. Decidió guardar el reloj en caso de ver a aquel extraño anciano de nuevo.
Al llegar a casa decidió echar un vistazo al reloj, quizá tendría algún grabado que le diera una pista sobre donde podría encontrar a su dueño y devolverlo. No halló nada. Sin embargo al presionar la corona algo extraño sucedió, al principio no lo notó y dejó el reloj en el cajón de su escritorio, se acostó en su cama y se puso a leer. Después de un rato notó que algo raro sucedía, no escuchaba ningún ruido, nadie discutía y en el exterior parecía no haber ninguna actividad. Se asomó por su ventana y tal fue su sorpresa al ver una bandada de aves suspendida en el aire, ninguno de aquellos pájaros se movía. En ese instante el chico no supo qué hacer, bajó a ver si sus familiares habían notado lo mismo pero los encontró inmóviles. Era algo increíble, se detuvo un rato a pensar y entonces se le ocurrió que quizá...
Subió rápidamente y sacó el reloj de su cajón, se acercó a la ventana y presionó la corona de nuevo, al instante volteó hacia donde se encontraba la bandada de aves y se maravilló al ver que ¡se movían de nuevo!
Unos días después el chico había encontrado el uso perfecto para el reloj. En las mañanas al sonar su despertador inmediatamente presionaba la corona del reloj “mágico” y podía dormir todo lo que quisiera, cuando se despertaba tomaba su libro y se ponía a leer hasta que se cansaba, entonces presionaba la corona de nuevo, y volvía a su vida diaria. Mientras se encontraba en la escuela usaba el reloj y leía el tiempo que le apetecía. Desde que hacía uso del reloj había pasado de leer en promedio cuatro libros por semana a leer veinte a la semana. Era increíble, podía entrar a un mundo completamente diferente cuando él quisiera. Y lo mejor es que podía hacer lo que más le gustaba en la vida.
Con el tiempo la cantidad de libros que leía a la semana fue aumentando, cuando presionaba la corona del reloj no tenía manera de medir el tiempo que pasaba desde que detenía el flujo temporal hasta que lo restablecía. Sin embargo le parecía que cada vez pasaba más y más tiempo leyendo, una de esas ocasiones le parecía haber estado leyendo todo un día completo.
Sin notarlo fue adelgazando gradualmente pues generalmente al hacer uso del reloj olvidaba comer o simplemente hacía caso omiso a los avisos que su cuerpo le daba. Nadie notó este cambio en su cuerpo.
Cierto día pasó frente a un espejo al salir del baño y le llamó la atención ver su cara tan demacrada y pálida. Pero esto no le importó. Era feliz leyendo y nada ni nadie lo harían cambiar de opinión.
Al cabo de un mes había leído más de mil libros diferentes. Sin contar los miles que se había iniciado en el viaje del saber.
Llegó a comprender muchas cosas, sin embargo su estado de salud se deterioraba cada vez más y daba la impresión de que envejecía de manera prematura. Y precisamente esto es lo que pasaba, al usar el reloj él era el único ser que continuaba en el flujo temporal normal, había utilizado el reloj tantas ves y por tanto tiempo que había ido envejeciendo, era como si en un segundo pasaran días enteros para él. Comprendió esto muy tarde.
Cierto día al sonar su despertado no fue capaz de apagarlo, ni pudo activar el reloj para dormir un poco más y después leer, pues simplemente ya no le fue posible despertar del que sería a partir de ese momento su eterno sueño...

domingo, 25 de diciembre de 2011

Satán Claus.

-Mira hermanita. ¡Una luz en el cielo!
-¿Tú crees que sea Santa Claus?
-¿Y quién más? ¡Ahí viene, mira!
-Entonces existe. ¡Existe Santa Claus!
-Sí hermanita, solo tienes que creer, y ser una niña buena.
-Oye, ¿pero no debería venir en un trineo de renos?
-¡Claro que sí!
-Pero esas cosas con cuernos no son renos.
-¡Oh no!
-¿Qué pasa?
-¡Corre, hermanita, corre!
-¿Por qué?
-¡No es Santa Claus! ¡Es... es...!

Malditos niños buenos,
mis víctimas son, los detesto,
donde mi vista los descubre, caen envueltos en llamas,
los estrangulo con guirnaldas de Navidad,
me gusta electrocutarlos con series de foquitos,
delante de sus papás;
sepan, niños, que a su viejo gordo barbón
le di a comer su traje rojo
y le metí los cuernos de uno de sus renos por el culo.
Cada año vengo a aplastar a los niños buenos
y a traer regalos a los niños malos,
por eso, en el lugar de donde vengo,
me llaman Satán Claus.

En cuanto a ustedes, niños malos,
dicen por ahí que no merecen nada en Navidad;
que son las peores compañías, la peor escoria.
Este año sí que se han portado mal,
yo he visto cada una de sus perversiones,
y por eso los he venido a premiar.
A ti, Dianita,
que todo el año te acuestas con hombres casados,
te traje unos condones de sabores,
para que ellos te disfruten, y tú a ellos.
Para Pedrito y Pablito,
amantes de los golpes durante los conciertos,
unos guantes con picos, así nadie podrá vencerlos.
Y a ti, Juanito,
que te la pasas de vago jugando futbol en la calle,
a tus treinta y ocho años,
recibe el balón oficial del Mundial de Francia 98.
Estoy al pendiente de ustedes,
por eso, en los callejones metafísicos
me dicen Satán Claus.

Películas cinco equis,
látigos, vibradores, muñecas inflables...
¿qué es lo que más deseas?
En mi costal hay fuego y azufre.
Un auto más rápido para escapar de la policía,
un poco de estrógenos para convencer a esa chica,
y la colección completa del Marqués de Sade, digo,
por si se te agotan las ideas.

Entre peor te portes, mejor para mí,
de más regalos te voy a llenar.
Si buscar placer, envíame una cartita,
sólo escribe: Satán Claus.

Y si en el año tuviste que inclinar la cabeza,
o decir "sí, señor",
no te preocupes, también en mi costal traigo venganzas;
Si alguien te puso los cuernos, sólo dímelo
y yo le haré lo mismo que al gordo barbón.
Puedes confiar en mí,
soy la respuesta a tus oscuras plegarias,
he venido de muy lejos a complacerte.
Ahora ya sabes por qué me dicen Satán Claus.
Yo soy Satán Claus.

-Mario Cruz.

lunes, 31 de octubre de 2011

Como un legado en mi sangre...

Un llamado que viene de siglos atrás. Lo siento por todas mis venas y empieza a despertar en mí como un legado en mi sangre.
La nostalgia me invade al pensar todo lo que perdimos y no podremos recuperar. Todas las palabras quemadas, las construcciones majestuosas derrumbadas. Grandes poetas y gobernantes sacrificados en nombre de la cruz. Me llena de tristeza el saber perdido nuestra lengua nativa. Me llena de indignación el que discriminemos y neguemos nuestras raíces.
Esta noche los vivos reclamamos sus almas, para que vengan en un viaje cansado y largo desde el Mictlán y compartan unas horas entre nosotros, disfruten lo que les ofrecemos para mitigar la sed y hambre que sienten al estar entre los vivos. Hónrenos con su presencia grandes guerreros águila, guerreros jaguar y guerreros flecha. Ustedes que mantuvieron vivo a Tonatiuh con los corazones y sangre de sus enemigos capturados. Todos los que dieron su sangre en muertes floridas. Todos los que murieron bajo el hierro español defendiendo su orgullo e identidad. Sean bienvenidos esta es su noche, disfruten sus ofrendas...

miércoles, 1 de junio de 2011

Luz Nocturna

¿Cuándo cayo la noche? El cielo había estado cambiando de colores por lo que se sintieron minutos pero sabia que eran horas. El teléfono celular sonó por lo que parecía la quitoagesima vez, pero ella no se digno a contestarlo.

- Debería estar en la escuela- Debería.

El turno nocturno no era lo que más le gustaba, por que siempre se perdía el atardecer. Como amaba el atardecer. El cielo prendiéndose fuego y el gran farol naranja cediendo su labor a los pequeños que brillaban a pocos metros sobre la tierra. Era todo tan magnifico y podía sentir que era suyo y solo suyo, incluso si nada más le pertenecía, siquiera su propia persona. El sol, las nubes, el fuego, los colores, los faroles y la oscuridad le pertenecían.

-"Nunca vas a hacer nada de tu vida. "- La voz hacia eco en su mente. Dolorosa, acusadora y furiosa. Ella solo podía desear que se callara de una vez.

Sin mucho más que hacer se dirigió al viejo edificio frente a ella. Era sucio, viejo y denigrado, lo que lo hacia ridículamente familiar. De las peores escuelas de la provincia. Ella solo quería terminar el asunto tan pronto como fuera posible, la vida es demasiado buena para pasarla en un pupitre repitiendo frases vacías de un docente que se arrepintió de serlo antes de terminar el estudio.

En el aula el desorden, el bullicio y la indisciplina hacían imposible la clase. Una manada más de idiotas. Un manojo más de infelices. Pretenciosos de todo cuando no merecían nada. Se sentó al fondo, en la esquina de la ventana. Nadie más ocupaba ese lugar. Sin embargo, la razón es otra historia.

Miro sus manos un segundo. En su imaginación podía ver las cortas uñas bañadas de detergente. Le encantaba la forma en que la espuma jugaba con su piel, todavía podía sentirlo aunque varias horas hubiesen pasado ya.

- Como cartílago de poyo.- Se escucho diciendo a si misma en el más efímero de los susurros. Por fortuna o por desgracia, nadie la escucho.

El teléfono vibro sobre el pupitre. Otra vez, la pareja de su madre, el asqueroso de ojos mirones la llamaba. El hombre la llamaba seguido cuando sabia que no estaba en la casa, le gustaba conversar con ella de cualquier cosa y argumentaba que quisiera que sus hijas fueran como ella, pero ella sabia mejor. Había descubierto la mirada enferma persiguiéndola, su cuerpo y su forma, lo había descubierto probando la puerta del dormitorio en la noche, solo para descubrirla con llave, lo había descubierto con fotos indecentes de su madre en internet.

¿Cuánto tiempo había pasado ya? Un par de años por lo menos. Todo se puso peor cuando su hermano mayor se fue y él se mudo a la casa.

La casa. Estaba a nombre de su hermano, que estaba en el extranjero. Lejos de todo, lejos de ella, cuando mas lo necesitaba. Pero no podía culparlo, el le prometía siempre que iba a volver envuelto en fortuna extranjera para sacarla de la casa y llevársela con el. Sueños, ilusiones, fantasías, niñadas. El pobre iluso peleo toda su vida con el molino de viento cuando el monstruo estaba escondido debajo de la cama.

Ya no importa. La casa era de ellos ahora y el asqueroso se iba de patitas a la calle. Solo necesitaba la llamada correcta.

El modulo de geografía paso sin la vibración del celular. Y cuando sonó en el recreo ella ya estaba segura. Contesto. Una voz masculina se pronunció. No tan agravada. El tono no la sorprendió, las palabras menos.

- Se que lo hiciste vos.- Su voz temblando y su garganta ahogada. Le había costado reconocer su propia voz. Miedo, una emoción que podía usarse. Metió la mano izquierda en el bolsillo interno de la campera. Una campera grande, fea, vieja, rota y gruesa cual bolsa de dormir. Apretó el paquete para asegurarse que todo iba a estar bien por unos años. Si, tranquilamente podían ser unos años. Colgó el teléfono y lo guardo en el bolsillo. Era menor y necesitaba pedir que la buscaran. La policía vendría.

¿Cuántas veces lo había pensado ya? El impulso de romperle el cráneo a la mujer, callarla de una buena vez por todas. Robarle el dinero, que sabia escondía en algún rincón del dormitorio y huir. Pero este día había sido distinto. Sin querer había hecho todo demasiado bien. Cuando los pensamientos se transformaron en acción, fue casi natural seguir un plan trazado por años. Casi en automático, mientras lavaba los platos la mujer había venido a gritarle sus verdades, a lavarle la cabeza con interpretaciones tan irreales que ofendían. Pero en un punto su mente se congelo cuando se la acuso de querer seducir al viejo asqueroso. Épico. Siquiera está segura cuando el deseo se transformo en acción y el cuchillo de mango plástico, un cuchillo común y corriente de filo dentado, atravesó la garganta de su madre mientras gritaba. Ya ni sabía que le gritaba.

- Como cartílago de poyo crudo. – La sensación había sido tan extraña. Uno olvida que los seres humanos, las personas, están hechos de lo mismo que los animales, que son animales. Asesinos, violentos, asquerosos, prepotentes, egoístas y denigrantes. -… Más quiero a mi perra. – La vieja perra había quedado encerrada en el jardín. No quería arriesgarse a que se le acuse a un animal tan gentil de algo así y la sacrifiquen.

Le dieron permiso de salir, pero la policía no iba a ir a buscarla.

- Demasiado ocupados para jugar a taxi. No los culpo.- Cruzo la esquina y el farol amarillo parpadeo sobre ella. El sol sería hermoso si todo salía bien durante la noche. Y esta era definitivamente una noche muy oscura y fría.

Se compró cigarrillos, la marca que fumaba su madre. Esos que se suponen que son elegantes solo por que tienen un nombre raro y son de otro color. Porquerías. Miró el cigarrillo en su boca por arriba de su nariz y recordó que ella no fumaba. Recordó que su madre la estaba matando. Con su ignorancia, su incomprensión, su lejanía y sus acusaciones. Poco tenia que ver el cigarrillo con el chiste que hacia su corazón cuando la mujer le gritaba.

Hizo un nudo con el paquete de diez y lo tiro por encima del techo de la escuela. Se subió al colectivo y se sentó en el fondo. A esconderse en el abultado calor de la campera. Metió la mano en el bolsillo interno y empujo el paquete de papel por el agujero de la esquina hasta que se perdió en el grueso relleno.

Las luces nocturnas captaron sus ojos en el transcurso del viaje y su cansada mente empezó a recordar una vieja canción que su abuela le cantaba. Solo el estribillo sonaba en su mente. "Pequeños soles que alumbran como el día, hermosas estrellas que brillan para mi".

- "Miren cuantas luces."- Canto en voz alta sin tono. Se sentía vacía y triste. Pero sabía que era morir o matar. Con el tiempo encontraría de nuevo los pedazos rotos de su corazón. Resistió las lagrimas las necesitaría para la policía.

En la oscuridad encontró las luces de la calle, siquiera las de la casa brillaban tanto. Cualquier luz puede repeler la oscuridad de una habitación, pero engañar a la noche fuera de la obscuridad, es toda una hazaña. Así se sentía ella. Como un farol nocturno empujando a la oscuridad para hacer sentirse a la noche más segura.

No se había ensuciado con la poca sangre que saltó, así que solo soltó el cuchillo enterrado en la garganta cuando el cuerpo se desplomo en el piso. Dejo los platos a medio lavar y la canilla abierta. Esquivo la escena por el otro lado de la mesa de la cocina-comedor y se dirigió a la alcoba mientras el cuerpo todavía estaba caliente.

Dio vuelta hasta la ultima pizca de polvo, incluso después de haber encontrado el paquete de papel en el que estaba escondido el dinero, el paquete de papel que escondía en el relleno debajo de su brazo. Revolvió la pequeña habitación que servia de estudio y metió la notebook en su mochila, cerró su habitación con llave al salir y dejo la puerta de la casa entreabierta. Se bajo del micro a mitad de camino y dejo la computadora en las vías, la encontraría un curioso con suerte o la destrozaría el tren. Recorrió con extremada calma el resto del camino a la escuela. Huir con el dinero significaba admitir culpa, así que se quedo. Por la casa, por su hermano, por ella misma. Motivo del asesinato: Robo. Único sospechoso: El Asqueroso.

Simple. Con la cocina inundada y el cuerpo sin marcas, la casa revuelta y pocas ganas para ahondar el caso, todo iba a salir como ella quería, no, como ella necesitaba. Solo debía sobrevivir la oscuridad de la noche para ver el sol y cambiar los atardeceres por los amaneceres.


http://grafito81.deviantart.com/

miércoles, 23 de febrero de 2011

Primer Aniversario


1 año =

12 meses =

52 semanas =

365 días =

8,760 horas =

525,600 minutos..

Y aún quedan personajes nuevos por crear,

secuelas que continuar,

pensamientos que en palabras se han de plasmar,

vidas por finiquitar,

sangre que derramar,

oscuros sueños que de nuestra mente no se pueden alejar

porque dentro de nosotros habitan monstruosidades que sólo al escribir pueden escapar, disfrutar.

martes, 22 de febrero de 2011

Belleza...

La conocí en una fiesta a la que fui invitado por un muy buen amigo. Me dijo que indiscutiblemente conocería a alguna chica esa noche, pues había invitado a todas las familias de clase alta de los poblados aledaños.
Me vestí con mis mejores galas y me dirigí al festejo. Como siempre llegué puntual a casa de mi amigo. Me recibió de una manera cálida, como siempre, y me acompañó al interior de su morada, donde se encontraba una multitud de personas que platicaban formando grupos pequeños, reían, bebían y comían los bocadillos que les ofrecía la servidumbre. No faltaban los caballeros que cortejaban bellas chicas. Ni bellas chicas que murmuraban entre ellas cuando un caballero pasaba cerca de donde ellas estaban. No era mi tipo de ambiente, sin embargo estaba ahí a petición de mi gran amigo.
Me presentó con gente "importante", me limité a fingir una sonrisa discreta y a besar la mano de las damas que me presentaban y a saludar cordialmente a los caballeros. No ponía atención realmente. Comenzaba a aburrirme, este no era el tipo de lugares que solía frecuentar.
Estuve decidido a mentirle a mi amigo y decirle que había olvidado un asunto muy importante, cualquier cosa que me permitiera salir de ese lugar. Cuando desvié mi mirada y en un balcón vi a una chica a través del vidrio del ventanal, pensé que al igual que yo no se sentía cómoda en esa fiesta llena de pretensiones. Así que decidí salir a hacerle compañía.
Salí y me acerqué lentamente. Ella oyó mis pasos y volteó, me quedó mirando fijamente y yo quedé paralizado. Era la mujer más hermosa que haya visto en mi vida. Cuando pude tener control sobre mi la invité a tomar algo dentro. Y accedió.
Le dije que esperara mientras iba a servir las copas. Al regresar me sorprendió verla rodeada por una cantidad considerable de caballeros, dejé las copas en una mesa cercana y le pregunté a mi amigo si sabía quien era aquella bella chica, él negó conocerla, "quizá alguna invitada de un invitado" me dijo. Pero no le tomé importancia. Decidí no interrumpir los cortejos de aquellos caballeros hacia la chica y me despedí de mi amigo.
Una semana después llegó a casa una carta. La recibí y le di una moneda al chico que la había entregado. Me senté en mi sillón favorito y abrí la carta. La leí detenidamente, se trataba de una disculpa de esa bella chica, decía que lamentaba el haberme hecho a un lado y que para enmendar su falta me invitaba a un día de campo. Al día siguiente el muchacho volvió por la respuesta, le entregué el papel y se fue corriendo.
Tres días más tarde me encontraba en el lugar acordado, ella llegó puntualmente. Y preparamos todo para nuestro día de campo. Comimos, bebimos, platicamos de una forma muy amena hasta muy tarde. Hasta que llegó la hora de despedirnos.
Seguimos frecuentandonos hasta que formalizamos nuestra relación y finalmente nos casamos. Al principio creí que era el hombre más afortunado de todos por haberme casado con una mujer hermosa, era demasiado bella. Pero todo fue cambiando poco a poco. La belleza de mi esposa crecía día a día, cada vez que la veía no lo soportaba y tenía que desviar mi mirada. Ella se dio cuenta de que algo andaba mal y me preguntó dulcemente que pasaba. No supe que decirle, le mentí y le dije que estaba un poco preocupado por asuntos del trabajo y ella me dijo que no me preocupara que todo estaría bien. Pero poco a poco toleraba menos su belleza. Hasta que llegó un punto en el que su hermosura resultaba aberrante, tal belleza no era normal en este mundo, era espantosamente bella. Tenía que terminar con esto, pronto.
Entonces llegó el día, fingir ir al trabajo, esperé a que saliera de casa y entonces me apresuré a preparar todo.
La amaba tanto hasta el momento en que su belleza resultó aberrante a mi vista. No podía soportar su presencia. Entró a la casa y entonces escuché sus gritos desgarradores pidiendo ayuda, pero nadie acudiría. Moriría irremediablemente en unos cuantos minutos, de mientras escucharía sus gritos que sería como una pieza musical dedicada a mi tranquilidad, pues ese ese aberrante ser dejaría de existir en unos momentos. Volvería a mi tranquilidad. Lo deseaba. Y así fue. Volví al silencio.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Yo he estado a su lado siempre...

Hace mucho tiempo que la sigo. La espío sin que ella se de cuenta a todos lados. A pesar de poder, me abstengo de seguirla a esos lugares a los que debe ir sola. Por las noches me acuesto a su lado y la contemplo, y estoy seguro de que ella siente mi presencia. Pero nunca se queja, parece que cree que es el cansancio la que le da esa sensación. La abrazo hasta que duerme. Busco dentro de ella esa oscuridad que dejó atrás hace mucho. Y es que al principio todo era oscuridad, y de la oscuridad nació la luz, una aberración para el universo. Y a pesar de que los ángeles nacimos de la luz, nos dimos cuenta de nuestra oscuridad interior y yo decidí darle la espalda a la luz, pues la luz solo ciega y no permite saber. Abracé la oscuridad y ahora busco que ella lo haga también, no entiendo porque ella niega su oscuridad, pero poco a poco estoy logrando que vea hacia su interior y reconozca esa oscuridad con las que todos nacen pero no son conscientes de ella. Le he compartido un poco de mi oscuridad, le he compartido un poco de lo que sé, pero no todo, pues yo sigo en formación y llega a mi el conocimiento cuando debe llegar. Pues ese es el fundamento de la magia real, esperar sin buscar. Y es por eso que espero, espero a que encuentre su oscuridad cuando llegue el momento de que la descubra, y entonces tendrá que decidir si abraza a la oscuridad, al conocimiento, o prefiere la luz, la ignorancia. Y es que para entender muchas cosas a veces debemos verlas desde otra perspectiva, en su momento yo vi el mundo desde la perspectiva de la luz, ahora lo veo desde las sombras y me doy cuenta de la realidad de la mayoría de las cosas. No entiendo las acciones de los estúpidos seres de luz, pero ahora ya no me afectan ni siento dolor, pues el dolor y el sufrimiento fueron engendrados en la luz. Ahora le toca a ella dejar el dolor y el sufrimiento atrás, pues lo sufrido no resucita sueños. Los sueños nacen de nuestra oscuridad y es por eso que los tenemos presentes, pues también el olvido fue nacido de la luz. Y yo seguiré buscando en su interior hasta que encuentre esa oscuridad y pueda entender y pueda dejar el dolor atrás, pero debo esperar por su decisión...

lunes, 7 de febrero de 2011

Pero también las estrellas con crueles...

En tiempos en que la luna y las estrellas marcaban el ritmo de vida de las personas, y también su destino. En un lugar en el que la luna decidía cuando era momento de sembrar o cosechar, decidía también si era buen momento para la cruza del ganado o para celebrar una boda e incluso si era un buen momento para concebir un vástago. Y en las estrellas se podía leer si habría sequía o si todo saldrían bien en las cosechas, las personas preguntaban muchas cosas a otras personas que podían leer en las estrellas el destino. 
Y nuestro amigo había leído muchas cosas en las estrellas, todas ellas habían resultado tal y como las había leído. Y es que nadie podría leer el futuro si no estuviera escrito en algún lado. Vivía confiando en lo que había leído en las estrellas y había hecho planes respecto a eso. Y todo parecía ir saliendo muy bien.
Pero las estrellas también son crueles...
Y en algún momento las constelaciones cambiaron, las estrellas se movieron, estaban aburridas o quizá solo querían divertirse. Y poco a poco empezaron a jugar con los planes de este chico, como niños pequeños jugando con papeles importantes, primero los arrugaban para terminar rompiéndolos, uno a uno, destrozándolos sin piedad ni arrepentimiento. Y él se dio cuenta pero ¿qué podía hacer? Y fue entonces que se dio cuenta de que las estrellas lo habían traicionado. Pero también se dio cuenta de que las estrellas no estaban ahí para ser leídas, se dio cuenta de que todos nosotros vivimos bajo una tiranía y que todos estamos a merced de la voluntad de las estrellas y se dio cuenta de que también las estrellas son crueles...

miércoles, 2 de febrero de 2011

Los monstruos también lloran

Sí, soy un monstruo. Veo mi reflejo y no se parece a ningún otro. Soy yo, soy yo... ¿soy yo? La imagen que se refleja en las superficies, en los espejos, y repite mis movimientos, mis expresiones, así lo dice. La gente también lo dice. Los animales lo sienten.
¿Qué es lo que veo? Ojos profundos de animal herido, que se asusta cuando te acercas y duda: ¿atacar o creer?; dientes dispuestos a morder, jugando o peleando, que pueden causar dolor o placer. Dientes escondidos tras labios, que de lejos, podrían considerarse bellos, pero son muy pequeños y casi nadie los nota. Sólo ven los horribles dientes del monstruo.
Manos grandes como garras, ásperas y toscas, fuertes y frías, que no saben acariciar porque nunca les enseñaron... pero podrían bailar sobre tu cabello si te acercaras a explicar cómo se hace. Si les dieras un poco de tu calor...
El cuerpo es grande, tosco también, la piel es resistente al fuego, al frío y al olvido. Por lo mismo es gruesa, protege al ser que vive dentro, que se esconde ahí y que casi no sale. Le da miedo. La gente mira con desprecio y temor al monstruo en el que habita, a veces lo atacan pensando que no siente o por curiosidad. Por eso se esconde, no quiere que le pase lo mismo. De vez en cuando se deja entrever en una sonrisa (si saben ver), pero hay días en que se desborda por los ojos del monstruo, días en que el hastío es tanto que sólo queda liberarse un poco. Sí, es el día en que los monstruos lloran.

viernes, 14 de enero de 2011

Un día gris...

A las 6 de la tarde salió a caminar. Caminaba por calles de tierra donde el polvo se elevaba con el paso de caballos que galopaban obedeciendo la histérica orden de sus jinetes. Cruzaba la calle distraídamente y uno de los tantos caballos casi lo atropella, tuvo que ser rápido para poder esquivar al enorme animal, el jinete hizo una maniobra para evitar arrollarlo y por lo visto casi se cae del lomo del equino pero se sostuvo con fuerza, gritó insultos al nuestro descuidado peatón el cual escuchó pero no puso atención a lo que gritaba el exaltado jinete. Siguió su camino, no sabía a donde se dirigía pero seguía caminando, como si nada hubiera pasado.
El día era gris y el frío viento le acariciaba amablemente la cara. Nada ni nadie importaba, estaba solo él y sus pensamientos. Múltiples recuerdos y pensamientos inundaron su mente, se detenía un momento con uno en específico y reflexionaba sobre ese recuerdo o pensamiento en específico, pero ese tipo de días le permitían hacer algo más, le permitían sentir y entonces experimentaba los sentimientos que le traían esos recuerdos y esos pensamientos. Sintió melancolía, confusión, tristeza, nostalgia y añoranza. Se ahogó en ese remolino de memorias y reflexiones.
Cuando recuperó la razón se encontraba tirado en el suelo, rodeado de mucha gente que murmuraba cosas que el no alcanzaba a escuchar. Se sentó, le dolía el cuerpo y la gente murmuraba mas cosas y parecían sorprendidas. A su lado vio un auto con el parabrisas estrellado. Se levantó, el dolor había menguado un poco, y siguió su camino...

martes, 28 de diciembre de 2010

Adiós...

...
Seee...
Eso...
Simplemente...
Adiós...
...

jueves, 16 de diciembre de 2010

cuando tenia 7

A pedido de mi queridisima hermana Milial:

Un amigo me hizo una pregunta hace untar de semanas…

Pregunto que soñaba yo cuando tenía 7, y mi respuesta fue: ¿Estas seguro de que querés saber que soñaba yo cuando tenia 7?

Sep…

De que soñaba yo cuando tenía 7, de monstruos y ogros de demonios y ángeles, de bestias y niños de muchos brazos lenguas y piernas… De ácidos y océanos vivos que te devoraban cuando te les acercabas demasiado….

Soñaba seguido d un demonio rojo, de seis brazos y seis cuernos de melena negra y cuatro alas, de apariencia bestial pero hermosos rostro. De rugidos y aullidos y de profunda voz, de ojos amarillos y piel con escamas de serpiente. El era lo suficientemente grande como para agarrar mi cuerpo y que con su puño cubra casi todo mi pequeño torso.

Soñaba que corría escasamente protegida por un taparrabos, cerraba los ojos por que no quería mirar, el magma, la luz y el calor, el irregular camino negro derritiéndose debajo de mis pies. No quería mirar la abultada lana que en mis muslos y brazos le daba comienzo a las patas de oveja que reemplazaban mis miembros. No quería escuchar su risa burlona mientras se divertía persiguiéndome.

El solo se acercaba cuando yo golpeaba el piso, cuando de tanto correr y llorar mi corazón quería explotar, cuando el miedo ya era demasiado para poder pensar.

El mordía mi piel, solo con sus incisivos, pellizcando mí estomago mis hombros y mi pecho. Se llevaba mi cuello a la boca dejándome sentir los afilados y largos colmillos que poseía. Con sus garras me arañaba la espalda y lamía lánguidamente la sangre que brotaba.

Con todas sus manos me sostenía cerca del piso del abrasador calor que me dejaba distinguir su frió toque. Y prometía, prometía tantas cosas. Prometía que yo seria su oveja mas negra, que en esta tierra no habría nadie que no me quisiera y que al mismo tiempo nadie me querría por que yo era de él y solo de él, que yo no querría a nadie mas que a él y lo buscaría aunque costara mi vida.

Lo dejaba hacer, lo dejaba estar, por que sabía que aquello que se escondía detrás de mis parpados, solo un poco más allá del camino, era, a demasiados niveles, muchísimo peor que esto.

Bestias de varios miembros y hedores insoportables de bocas que ocupaban hasta por debajo de sus costillas con infinidad de lenguas colgantes y filas de dientes, con una acida y espesa saliva negra y marrón. Desde tan grandes que podrían comérselo a él de un bocado a tan pequeñas como ratas. Pero sabía que era por él que permanecían en el límite. Así que lo dejaba hacer conmigo lo que quisiera.

El sueño vino varias veces, era siempre más o menos el mismo, cambiaba donde yo lo cambiaba, corría más, corría menos, con los ojos abiertos o cerrados. Pero el siempre me atrapaba cuando caía, siempre me trataba con exceso cuidado aunque me lastimara. Siempre prometía las mismas cosas.

¿Por que estoy escribiendo esto ahora?... Por que el vino anoche y sonrió malévolo cuando descubrió que ya no era una niña.

Me voltee para empezar desesperada carrera, esperando de alguna forma que la rutina siguiera solo para darme algo de tiempo. Mi pseudoadultes, mi experiencia, convenciéndome de que podía pensar en algo antes de caer. Pero él no me dio oportunidad.

Apenas gire sobre mis pesuñas sus enormes manos encontraron mi pecho, apretando con tanta fuerza que pensé que mi piel iba a estallar. Otro par de manos encontró mis muslos e inconcientemente baje mi cabeza para verlo, mi lana no era blanca, pero tampoco era negra. Era gris, tan gris que parecía plateado. El brazo derecho del restante par me tomo por la cintura alzándome contra su torso. Mis pequeñas manos luchando con las suyas en mi pecho, la sangrienta imagen de mi piel estallando llenando mi mente.

- Duele.- Respire más para mi misma en la desesperación.

- Quiero que todos te oigan.- Susurro en mi oído derecho, sus colmillos encontrando mi hombro sin piedad, la sangre broto. Carmesí sobre blanco, lánguido y furioso. El metálico líquido embarrándose en mi piel debajo de sus dedos.

El dolor era intenso, más que el miedo. El grito quemó mi garganta, incontenible, insoslayable. Y me odie a mi misma por encontrar el sonido trágicamente hermoso.

Lamió hambriento la sangre en mi espalda, su enorme lengua recordándome que tan pequeña era. Dejo ir mi pecho para tomar mis brazos y girarme en los suyos. Mi ridícula resistencia provocando una encantadora risa que hizo vibrar su pecho.

- Basta.- Ordene. Cociente de que todo era un sueño. Mi sueño. Debía de poder dominarlo.

- La orden debe venir de otro lado Amada Mía... Mía…- Las palabras rodando entre sus gigantescos caninos, mientras bajaba la cabeza a mi abusado hombro para beber la sangre que brotaba suavemente.

Estaba sosteniéndome firmemente contra su pecho, mi cabeza colgando hacia un lado, podía ver la increíble cantidad de testigos hambrientos, no solo los perros pútridos de siempre sino una indefinida cantidad de otro tipo de bestias y humanoides. Mi visión se volvió borrosa y cerré los ojos dejando escasas lágrimas caer. Mis brazos empujaban casi sin energía sus hombros, el par más arriba de los otros dos. Estaba temblando. Me maldije a mi misma y mi torcida imaginación.

El era todo lo que yo quería y más. Pero no era lo que yo quería. No podía controlarlo. El tacto de su piel, su respiración fría sobre la mía, sus manos calientes y su pecho frió y rígido. Me maldije a mi misma otra vez, pensando que nunca debí tocar esa serpiente en el acuario, nunca debí descubrir que tan suaves y frías eran.

Sus gigantescas manos se movieron separándome de mis distracciones, un par encontraron su comodidad en mis caderas mientras otro par acariciaba y peinaba la lana en mis muslos. El último par me sostenía por la espalda y de los hombros.

Me distraje viendo mis manos. A diferencia de antes y de mis pies no eran pesuñas. La lana llegaba hasta los nudillos y mis palmas eran rugosas y duras como el interior de una pezuña. Mientras mis uñas eran negras y gruesas, cuadradas y no largas.

Mordió mi pecho izquierdo entonces. Metiéndolo completamente en sus fauces, succionando como un niño hambriento. Su saliva lubricando la frágil piel, su áspera lengua felina dándome sensaciones que no quería.

- Basta, por favor.- Mi voz se quebraba con un llanto que escasamente podía contener.

- ¿Por qué? Apenas estamos empezando y he esperado eternidades por esto. – Se tomo un minuto para seguir devorando mi piel.- Si de verdad quisieras detenerme podrías hacerlo.- Vi sus alas entonces plegándose a cierta distancia sobre mi cuerpo. Estaba protegiéndome de los hambrientos ojos animalescos. Mi cuerpo al menos. - Quiero que te escuchen, no que te vean. – La pregunta que no pude enunciar. - Sos Mía. – El hambre en sus palabras me asustaba pero no por él, sino por los oscuros deseos que despertaba en mi interior.

Mi cabeza colgaba hacia atrás casi rendida a lo que estaba por venir. Y mi mente me propició la más etérea de las sombras. Parado a un par de metros de mí, una sonrisa elevada solo en el lado y la cara de tonto más hermosa que yo podía recordar haber visto.

- Te amo. – Las palabras escapando mis labios, entre agitados tragos de aire.

El rugió con tanta fuerza que mis oídos se quedaron sin capacidad un minuto. Uso sus enormes alas para cubrir mi rostro. Las manos sosteniendo mis nalgas moviéndose violentamente, arrancando mi única y escasa vestimenta.

- ¡El no puede alcanzarte acá!- El rugido bestial y enfurecido.

Entonces sus dedos acariciaron los labios en mi entrepierna desde atrás uno de ellos abriéndose paso entre los carnosos bultos de piel hasta aparecer del otro lado. Poniendo en el movimiento tanta presión que mi cuerpo tembló ligeramente. Podía sentir una bestia igual de terrible que él golpear los muros de mi mente. Un fuerte gemido encontró su lugar en mi garganta. Poco duro antes de transformarse en llanto.

- No…

-Si… - Golpeaba la voz como el viento, hambrienta como cazador sin presa. Mi mente no tardaría mucho más en perderse. ¿Por que era tan difícil?

Lo había hecho tantas veces en mis sueños. Ponerles pausa y cambiar las cosas como las necesitaba. Caer de la nada y mover las cosas con mis propias manos. Tal ves insignificancias pensando que una escena se vería de una forma mejor que de otra. Pero no importa que tanto esfuerzo hiciera mi subconsciente quería ser violada por el demoníacamente hermoso demonio. Entonces lo entendí.

- Es una pesadilla… - Dije resignada. La risa vibro con fuerza en su pecho llevándome a alturas que no quería llegar.

- La única razón por la que es pesadilla es por que estas pensando en él. – Mi corazón se quebró y mis lágrimas se secaron. Lamió mi pecho hasta mi cara en cortos y rítmicos movimientos. Bebió lágrimas secas sobre mi rostro con dedicación y pereza. Su cuerpo se movió entonces y pude sentir sus piernas con mis patas. Se había sentado. – Querés esto tanto como yo. – Sin soltarme me separo se su pecho y me recostó sobe sus piernas, cruzadas en el piso, el par de manos en mi espalda moviéndose a mi pecho.

Sus manos eran suaves ahora, persistentes en tener tanto de mi como pudieran, pero tan suaves que no podía sentirme invadida. La mano izquierda en mi cadera me abandono un instante. Abrí mis ojos y horrorizada vi sus dedos abandonar su boca y plantarse con una ligera violencia entre mis piernas. No me había penetrado todavía, una ligera frustración y alivio llenaron mi mente. Y yo solo quería poder dejar de sentirlo tanto. Pero sus dos manos trabajando meticulosamente todo el espacio en mi entrepierna me hacia imposible divagar. Entonces pensé en algo.

- ¿Por que yo?- Por que no cualquiera de los otro yo que habitaban mi mente sino el yo que era la directora detrás de cámara, no la protagonista principal.

Su risa vibro y no pude estar más agradecida de ya no estar plantada contra su cuerpo.

- Por que no importa cuanto lo niegues los has visto. La forma en que te miran cuando no tener vergüenza de contestar sus preguntas. La forma en que notan que tu mirada cambia cuando querés devorarte a alguien. La forma en que tu cuerpo se mueve y se ajusta. No importa cuanto trates de engordar, no importa que tan mal te vistas o cuanto te descuides. Cuantos días esperes para bañarte o que tan desprolija te veas. Ellos te ven. Y saben. Saben lo hambrienta que estas, lo oscura que podes ser, lo suave y hermosa, lo salvaje e indomable. Pero tenés dos hermosas maldiciones.- Acentuaba sus palabras con sus movimientos, con caricias bruscas y pequeños pellizcotes.

- No son maldiciones.

- Sin ellas serias lo suficientemente libre…– Empujo juntos mis muslos dejando los dedos que me invadían desde atrás, mientras se llevaba los dedos a la boca de nuevo. Estaba probándome. Estaba perdida.

Su mano libre empujó mis piernas hacia delante y las manos en mis muslos y pecho me llevaron hacia el. Con el trasero en alto y la vagina descubierta. La mano en mi cadera girando a una pocisión más cómoda. Marcando amplios y profundos círculos en los abusados labios. Mi cuerpo me abandono entonces emitiendo hermosos gemidos suaves, mi respiración se había vuelto tan difícil que estaba convencida de que mi mente no estaba recibiendo suficiente oxigeno. Sus alas se doblaron entonces y pude sentir su fuerte respiración sobre la expuesta, húmeda e irritada piel. Entonces su lengua recorrió desde detrás de cóccix hasta la mitad interna de mis muslos. Áspera y profunda, forzando su paso a través de la carne. Un placentero grito atravesó mi boca. Mi mandíbula colgaba mientras trataba desesperada de recuperar algo del aire que me había sido robado.

En la distancia los demonios enloquecían. Querían más. Y no podía sentirme peor por que yo quería más también. El se encorvo sobre mi y pude sentir los tres poderosos penes ubicarse entre los muslos que el sostenía juntos con fuerza. Era su turno de guturar. El ultimo de los miembros rozando y abusando de mí. Pero se sentían tan bien. Mi respiración errática y mi voz incontrolable.

- Si… Así… - El gimió. Y me odie a mi misma, tanto.

Mis manos abandonaron su lugar sobre las manos masajeantes e insistentes en mi pecho. Y les permití ir al suyo. Sabia que empujar era imposible. Pero su pecho estaba tan frió. Entonces lo note. No había un latido.

El gemía, guturaba y rugía. Sus movimientos cada vez más bruscos mientras más se doblaba sobre mí para compensar la diferencia de tamaño. Los gigantescos miembros viriles violaban mis mulos con tanto placer que me vi a mi misma llevando las manos a ellos ofreciendo un poco más, al permitirles chocar con mis palmas cada vez que atravesaban la ancha carne. Su respiración se volvía errática y yo pensaba como pretendía el usar esos tres miembros. Me permití a mi misma estudiar su cuerpo un poco más, el estupor separando la mente de la carne con una finalidad innegable. Me vi escribiendo una historia en mi cabeza. Un sueño lejano de una línea de sacerdotisas y las puertas del infierno. Sí, era una historia sexual y obscena pero era lo que necesitaba para él. Eso y un nombre. Mis manos volvieron al ancho pecho y pude sentir ese extraño amor brotar dentro de mí.

Acaricié la cuerina piel y clave ligeramente las uñas, apenas consiguiendo que las escamas se doblaran sobre si mismas. Pero entonces pasó. Pude ver las fibras musculares empezar a dibujarse con pequeñas luces dentro de su pecho. El rugió con fuerza, una furia apagada. Llevo sus colmillos a mi garganta una amenaza que no podía cumplir. El movimiento liberando los miembros entre mis muslos para dejarlos reposar acumulados entre las entrada de mi vagina y ano. El movimiento espasmódico ligeramente empujando.

Pero entonces entendí, solo se estaba despidiendo de mí. Las luces terminando de dibujar el órgano que allí no estaba. Un corazón, pero no cualquier corazón. Uno que estaba enamorado, una pesada carga para alguien con semejante lujuria. Gruño, suavemente la vibración golpeando directamente mi yugular.

- Abad…- Tan simple como eso. Un nombre contradictorio para el líder de los demonios. Aquel que a pesar de sus faltas conseguiría santidad en su sacrificio.

Desperté entonces… con sus colmillos en mi garganta y su pecho en mis manos, la sensación tardo demasiado en irse. Y no podía dejar de preguntarme que tan real es lo irreal que habita en mi mente.


Grafito


miércoles, 8 de diciembre de 2010

¡Se acerca la Navidad! =D

Empiezan los días fríos y seguramente vienen días aún mas fríos, tan fríos que quizá lleguen a helar algo más que la piel, carne y huesos.
En las calles se siente el "espíritu navideño" (que no es mas que el consumismo hipócritamente llamado de esta forma pues "consumismo" resulta una palabra muy fea) desde hace como un mes, todavía ni terminábamos de celebrar a nuestros muertos (ni el chingado "halloween") y ya estábamos siendo bombardeados con series de lucesitas con melodías estúpidas e irritantes, árboles de navidad, esferas y coronas navideñas que se exhiben en las tiendas.
Todo mundo empieza a estar "contento" pues "son fechas de perdonar", pero ¿qué es lo que pone mas contenta a la gente? ¿El hecho de que tienen la oportunidad a los demás? ¿O el hecho de que sienten que serán perdonados por todas las chingaderas que hicieron durante todo el año? Casualmente valores que nos pasamos por los huevos todo el pinche año como la empatía, la solidaridad, la amabilidad y la generosidad mágicamente todo el mundo los practica en estas fechas del año, pero hay un detalle, nadie lo lleva a cabo con gente que de verdad lo necesita con las personas y niños que por una u otra razón no tienen un hogar y en su lugar tienen que dormir cagándose de frío en un parque ¿el nombre correcto para esta actitud puede ser hipocresía?
Ocupamos el pretexto de que debemos ser generosos en navidad para derrochar dinero que podría ser usado de una mejor manera, el ser generoso no implica exactamente regalar cosas materiales sin embargo a nadie le importa y hace regalos que al final de cuentas terminan afectando al ambiente ¿Cuántos arboles nos chingaremos en la producción y consumo de papel para envolver regalos? ¿Cuánta basura se genera entre empaques de plástico, bolsas, moños y demás chingaderas que tiramos después de abrir un regalo? ¿Cuántos aparatos eléctricos y electrónicos completamente funcionales no desechamos solo por el hecho de que "el mejor regalo para esta navidad es un amigo kit de failcel"? Lo más cagado es que todos se dan cuenta pero terminan haciéndose pendejos y terminan comprando cosas que no necesitan.
Estas son fechas que de alguna manera u otra nos traen recuerdos jodidos, pues en estas festividades es cuando se hacen notar mas los contrastes: ¿Qué es lo que siente un huérfano al ver simplemente publicidad en la que se muestra a una familia compartiendo la cena de navidad? ¿Realmente perdonamos y disfrutamos la compañía de aquel familiar, amigo o conocido que nos ha hecho algo que nos ha afectado? ¿Qué regala un padre pobre a sus hijos? Eso si, no habrá navidad en la que un pinche chamaco no le reclame a sus padres por no haberle comprado lo que había pedido. Tal parece que en esta época del año es cuando las diferencias sociales y económicas son mas marcadas...

¡¡Pero son épocas de festejar!! ¡Las posadas se vienen! Nadie sabe que madres se celebra en las posadas pero ¡chingue su madre vamos a chupar! Si, soy un pinche amargado o como quieran decirme, simplemente no encuentro motivo para festejar ni para que aflore mi "espíritu navideño". Solo encuentro motivos para decir: Oye Santa... ¡Chinga tu madre!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Utopía? Quizá...

Eran exactamente las 5:00 a.m. y el despertador ya había comenzado a desempeñar su molesta función. Se levantó como siempre, era un día como muchos otros, no había nada diferente. Se cambió, desayunó y se despidió como todos los días anteriores.
 Ya en la calle todo seguía siendo igual, caminaba solo por las calles alumbradas. Se subió al camión que siempre lo lleva al metro. Atravesó los torniquetes del metro y se dirigió a los andenes. Como de costumbre el metro iba lleno, como si no cupiera un alma más, sin embargo logró entrar al vagón. De repente notó algo raro en el vagón, todas las personas que iban paradas eran hombres. Volteó hacia todos los asientos que estaban dentro de su rango de visión y fue mayor su sorpresa al ver que todas las personas que iban sentadas eran mujeres y personas mayores. Pensó que quizá no era tan tarde para recuperar la cortesía ni la educación de la sociedad en la que vivía. Al llegar a su destino se preguntó si este detalle se repetía o si el había tenido la suerte de subirse al único vagón en el que sucedía esto, esperó a que llegara el siguiente tren y observó atentamente todos los vagones y se llevó una sorpresa muy grande, al parecer ¡en todos ellos se repetía el fenómeno! Fue una sorpresa que no esperaba sin embargo tenía que irse. Salió y se dispuso a caminar en la fría intemperie, se estaba congelando (algo que era muy común en él), siguió el camino de siempre, se detuvo al contemplar una escena poco común en la ciudad: un señor vestido de traje y con una gabardina negra, todo un empleado de oficina de buen sueldo) le entregaba un abrigo a un mendigo que se encontraba sentado en el suelo. Cabe mencionar que la mayoría de personas que pasaban entregaban una moneda al desamparado. "¿Es el día de la cortesía, caridad y educación? Si esto fuera así todos los días..." Pensó y reanudó su camino. Llegó al almacén, saludó a la chica que le entregaba material todos los días y con la que hacía no mucho tiempo había comenzado una relación. Hasta antes de ese día, habían sido lo más discretos que habían podido, pero ese día eso no les importó mucho, parecía ser un buen día para hacer excepciones, y se saludaron de una forma mas cariñosa, sin importarles lo que dirían, simplemente lo hicieron. Y de todos modos nadie pareció haber notado nada raro. "Demonios, esto se pone cada vez mas raro, todos se contuvieron de hacer comentarios molestos e incómodos..." Pensó de nuevo. Llegó la hora de partir de ahí, se despidió de su novia de la misma manera en que se saludaron y de nuevo nadie dijo nada. Ya en la calle de nuevo notó algo más, quizá lo había visto pero no había puesto atención suficiente, al parecer todas las personas estaban contentas, todos se saludaban como si se conocieran, todos decían gracias y pedían las cosas por favor. Todo esto empezaba a parecer una broma masiva, pero era imposible que lo fuera. Notó que comenzaba a contagiarse de esa alegría, siguió caminando hasta que se olvidó de sus primeras impresiones de ese día, todo parecía marchar bien y él se sentía bien, ese sentimiento era altamente contagioso.
Al llegar a casa todo estaba tranquilo. Después de la cena se dispuso a ir a la cama. Después de la rigurosa lectura nocturna se dispuso a dormir. Apagó todas las luces y se acostó, pensaba en el cambio drástico del que fue testigo. De repente se dio cuenta de que escuchaba un murmullo. Trató de investigar de dónde provenía pero se escuchaba exactamente de la misma manera en todos los lugares a los que caminaba, no notaba cambio alguno en el volumen del sonido, parecía provenir de su cabeza. Se quedó escuchando atentamente tratando de distinguir lo que las voces decían pero no lo lograba. Sin embargo seguía atento, parecía que ahora las voces eran un poco mas altas. Poco a poco empezaba a escucharlas con mas claridad pero todavía no podía distinguir qué era lo que decían. Al parecer era como si dos personas estuvieran discutiendo, un hombre y una mujer eso estaba claro. Estaba intrigado y seguía concentrado en esas extrañas voces intentando captar algunos fragmentos de la conversación. Parecía que lo estaba logrando, comenzaba a entender algunas palabras pero estas no tenían coherencia, se quedó aún mas quieto y poco a poco las palabras comenzaron a formar oraciones:

-¡Llevamos un mes sin encontrar información acerca de este sujeto! ¡Ninguna identificación, historial clínico, antecedentes penales, nada! ¡Es como si nunca hubiera nacido y no existiera! ¡Además estamos gastando recursos que podrían ser usados en pacientes que tienen mas posibilidades de vivir que él!

-¡Esas no son razones que nos den el derecho de decidir sobre la vida de un ser humano!

-Ha llegado otro paciente y necesita esos aparatos...

-¡Debe haber algo mas que podamos hacer por el!

-No lo creo, el paciente que acaba de llegar es el hijo de un importante funcionario público, conducía en estado de ebriedad y chocó, debemos darle prioridad, ¡solo imagina en el problema que nos podemos meter si no atendemos con prioridad al hijo del funcionario!

-¡Está mal darle prioridad a un paciente solo porque es hijo de una persona influyente!

-¡Lo sé! Pero honestamente es una caso mas recuperable que éste. ¡Es muy difícil que alguien salga del coma después de un impacto de bala que ha hecho un daño de esta magnitud! Y aunque se saliera del estado de coma, nada garantiza que pueda ser la misma persona que era...

-Creo que ya tomaste la decisión, esta discusión no tiene caso...

Y de repente todo fue silencio y oscuridad entendió que él era el sujeto sobre el que discutían, comprendió que había estado viviendo una realidad a la que no pertenecía su cuerpo físico, ahora entendía porque ese día había sido diferente, porque había cambiado todo, aparentemente.
Todo parecía indicar que ese viejo óbolo tendría un uso útil después de todo...

viernes, 5 de noviembre de 2010

Perdido...

Ya era muy tarde. De nuevo se veía envuelto de espesa neblina, no podía ver por donde pisaba y la idea de que a cada paso que daba podría significar caer en un abismo inmenso no abandonaba su mente. No se dio cuenta en que momento se perdió ni en que momento se vio rodeado de esa neblina que entorpecía su camino, pero ya que lo pensaba bien no importaba, pues antes de verse en esa situación no sabía a donde se dirigía, así es no sabía hacia donde se dirigía pero al menos podía ver donde pisaba, podía ver su camino...
Ahora se encontraba dando vueltas por las esquinas del brumoso laberinto de la demencia. Sin saber cuando librar los obstáculos ocultos. Perdió la noción del tiempo. Pero seguía caminando. Quizá algún día encontraría la salida, era muy pronto para decir eso, sin embargo tenía esperanzas. Mientras seguiría buscando, dando vueltas por ese maldito laberinto sin paredes. A cada paso que daba solo deseaba encontrarse de frente con la Muerte, la obligaría a darle fin a esa agonía que estaba viviendo.
Y la única pregunta que pasaba por su mente era: ¿Dónde estás?
Y la única respuesta que recibió fue: ...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Por el bicentenario y el centenario

Nunca he sido una persona de patriotismo presumible, a secas digo que soy mexicana porque uno no elige el lugar donde nacerá, mucho menos el nombre con el que nos identificaremos, los apodos o la religión (a la mayoría de los mexicanos nos bautizan simplemente porque a nuestra familia así le parece y así lo decide, punto final).

Sin embargo y aunque parezca lo contrario, me agrada ser mexicana; de haber nacido en la tierra del taco y muchos envidiarán el hecho de que haya vivido en diversos sitios del país (bueno ubicados en el sureste). He viajado y recorrido emblemáticos museos, lugares y he conocido todo tipo de personas.

No puedo decir que esté orgullosa de ser mexicana, porque desafortunadamente me ha tocado vivir y ser testigo de abusos y discriminación; he visto a la mujer sumisa y humillada por el hombre y también he visto al hombre sumiso humillado por la mujer; al hombre explotado por el hombre; a los niños maltratados por hombres y mujeres; al perro callejero apaleado por los niños y hasta al gato flaco y enfermo como juguete de todos.

Viví temporalmente en cierta tierra, donde la niebla y el frío hacían que añorara parte de mi pasado, que me señalaba el presente y marcaba mi futuro. Un lugar donde el reloj no era indispensable; mucho menos importaba si tu calzado era original o pirata. Aquí las tazas de café se disfrutaban al máximo al igual que las pláticas, la compañía y la soledad.

Pero también existía pobreza, discriminación y marginación; donde muchas cosas básicas son un lujo para la población. Y aunque sabemos de su existencia nunca le damos importancia y somos simples espectadores de su vida cotidiana, porque ellos no importan, a la mayoría ni le va ni le viene.

Tampoco puedo sentirme orgullosa de un país que día a día se desintegra no sólo económica, política y moralmente sino también en cultura y educación. De un pueblo que en su mayoría está acostumbrado a leer el TV notas y ver Ventaneando; donde se pelean por ver quién es más guapo si Alatorre o Loret de Mola.

No puedo sentirme orgullosa de “artistas” como los fabricados por Azteca y su maravillosa Academia, ni de los que actúan en “novelitas” de Televisa. Pero sí puedo decir que estoy orgullosa de quienes en verdad estudian en conservatorios o escuelas, de aquellos que son autodidáctas y que en verdad respetan creen y crean arte.

Mucho menos estoy orgullosa del sistema educativo de mi país, ni de los “profesores” que desquitan sus horas de clase en la cantina, de aquellos que acosan alumnos (mujeres u hombres), de esos que piden un billete para echar una manita en la materia y menos de todos esos estudiantes que prefieren al holgazán, el que no les exige y al que pueden sobornar con una botellita de alcohol.

Pero si me enorgullecen esos catedráticos excelentes que no temen la competencia con sus destacados y potencialmente buenos alumnos. Aquellos que se toman a pecho el verdadero significado de la educación, junto con esos jóvenes que demandan calidad educativa, que gustan de trabajar bajo presión con el simple objetivo de saber más cada día.

No soy quien para juzgar o hablar mal de un país y de su gente, digamos que simplemente he entrado en un periodo de frustración total, donde las noticias del día a día terminan por desanimarme. El saber que hay un futuro incierto me hace imaginar infinidad de cosas ¿Y si debrayo un momento?

Anhelo un país donde la calidad educativa esté al nivel de las de Europa, sin maestros haraganes y convenencieros, sin alumnos mediocres ni fantoches. Un país donde todos podamos vivir con lo necesario, sin racismo, ni violencia… ¿Es mucho pedir? Sólo diré: Gracias UNAM por existir, eres el sueño de muchos.

Gracias a todas esas personas que se dedican a construir un mejor espacio para un buen futuro; gracias a esas mentes retrógradas que te animan a darle una cucharada de su propia medicina; gracias al mediocre porque permite que uno sea mejor cada día...

PD: No hay que soñar, hay que despertar y trabajar.

viernes, 29 de octubre de 2010

‘’Kindred hearts and evil minds’’

candle_vigil There’s a lot of people at home: family, friends, employees.. A thousand million faces that came to say goodbye to my wife, a thousand million souls that will always believe a car accident took her life when the truth is, Diane killed herself.

She wasn’t only the smartest woman I’ve ever known, but the most tortured soul on the world. Our marriage lasted 19 years and every single day I knew she felt miserable living a perfect life.

The smile across her face fooled everyone but me, her eyes told me in every sight she would never forgive herself the crime we committed when she was only 15 and I was 17 years old.

600x400_1280331974_California%20Wildfires_%20Acc But Michael deserved to die on that fire. That son of a bitch brought to Diane and her mother a living hell. He used to be an alcoholic and violent parasite that tortured and abused several times to both Martha and Diane.. Being burned alive was the only punishment he deserved.

The rage on my bloodstream arrived to my fists like the night Diane confessed me her father raped her.. I made a pass trough the crowd and in a few minutes I found myself in the backyard trying to lock again the past inside my mind, but I was already out of control and driving on the highway that Diane chose to die.

My beloved wife killed herself because she couldn’t stand feeling guilty anymore. She made her suicide look like an accident the same way the fire looked like a gas leak.

I thought that running away from home and starting a fancy new life would eventually heal our wounds, but she was right, we were just pretending everything would be alright when we both were drowning on the waters of guilt.

darkhighwayXForgive me father for I have sinned, but life without her is just worthless..

Song:  ‘’The Funeral’’

jueves, 30 de septiembre de 2010

¡Bienvenida Romina!

¡Tenemos una nueva integrante! Romina es una chica que conocí en Capoeira y pues ella se ha presentado sola con su primera entrada: "Miedo".

No me queda más que decir: ¡Bienvenida!