martes, 28 de diciembre de 2010
jueves, 16 de diciembre de 2010
cuando tenia 7
Un amigo me hizo una pregunta hace untar de semanas…
Pregunto que soñaba yo cuando tenía 7, y mi respuesta fue: ¿Estas seguro de que querés saber que soñaba yo cuando tenia 7?
Sep…
De que soñaba yo cuando tenía 7, de monstruos y ogros de demonios y ángeles, de bestias y niños de muchos brazos lenguas y piernas… De ácidos y océanos vivos que te devoraban cuando te les acercabas demasiado….
Soñaba seguido d un demonio rojo, de seis brazos y seis cuernos de melena negra y cuatro alas, de apariencia bestial pero hermosos rostro. De rugidos y aullidos y de profunda voz, de ojos amarillos y piel con escamas de serpiente. El era lo suficientemente grande como para agarrar mi cuerpo y que con su puño cubra casi todo mi pequeño torso.
Soñaba que corría escasamente protegida por un taparrabos, cerraba los ojos por que no quería mirar, el magma, la luz y el calor, el irregular camino negro derritiéndose debajo de mis pies. No quería mirar la abultada lana que en mis muslos y brazos le daba comienzo a las patas de oveja que reemplazaban mis miembros. No quería escuchar su risa burlona mientras se divertía persiguiéndome.
El solo se acercaba cuando yo golpeaba el piso, cuando de tanto correr y llorar mi corazón quería explotar, cuando el miedo ya era demasiado para poder pensar.
El mordía mi piel, solo con sus incisivos, pellizcando mí estomago mis hombros y mi pecho. Se llevaba mi cuello a la boca dejándome sentir los afilados y largos colmillos que poseía. Con sus garras me arañaba la espalda y lamía lánguidamente la sangre que brotaba.
Con todas sus manos me sostenía cerca del piso del abrasador calor que me dejaba distinguir su frió toque. Y prometía, prometía tantas cosas. Prometía que yo seria su oveja mas negra, que en esta tierra no habría nadie que no me quisiera y que al mismo tiempo nadie me querría por que yo era de él y solo de él, que yo no querría a nadie mas que a él y lo buscaría aunque costara mi vida.
Lo dejaba hacer, lo dejaba estar, por que sabía que aquello que se escondía detrás de mis parpados, solo un poco más allá del camino, era, a demasiados niveles, muchísimo peor que esto.
Bestias de varios miembros y hedores insoportables de bocas que ocupaban hasta por debajo de sus costillas con infinidad de lenguas colgantes y filas de dientes, con una acida y espesa saliva negra y marrón. Desde tan grandes que podrían comérselo a él de un bocado a tan pequeñas como ratas. Pero sabía que era por él que permanecían en el límite. Así que lo dejaba hacer conmigo lo que quisiera.
El sueño vino varias veces, era siempre más o menos el mismo, cambiaba donde yo lo cambiaba, corría más, corría menos, con los ojos abiertos o cerrados. Pero el siempre me atrapaba cuando caía, siempre me trataba con exceso cuidado aunque me lastimara. Siempre prometía las mismas cosas.
¿Por que estoy escribiendo esto ahora?... Por que el vino anoche y sonrió malévolo cuando descubrió que ya no era una niña.
Me voltee para empezar desesperada carrera, esperando de alguna forma que la rutina siguiera solo para darme algo de tiempo. Mi pseudoadultes, mi experiencia, convenciéndome de que podía pensar en algo antes de caer. Pero él no me dio oportunidad.
Apenas gire sobre mis pesuñas sus enormes manos encontraron mi pecho, apretando con tanta fuerza que pensé que mi piel iba a estallar. Otro par de manos encontró mis muslos e inconcientemente baje mi cabeza para verlo, mi lana no era blanca, pero tampoco era negra. Era gris, tan gris que parecía plateado. El brazo derecho del restante par me tomo por la cintura alzándome contra su torso. Mis pequeñas manos luchando con las suyas en mi pecho, la sangrienta imagen de mi piel estallando llenando mi mente.
- Duele.- Respire más para mi misma en la desesperación.
- Quiero que todos te oigan.- Susurro en mi oído derecho, sus colmillos encontrando mi hombro sin piedad, la sangre broto. Carmesí sobre blanco, lánguido y furioso. El metálico líquido embarrándose en mi piel debajo de sus dedos.
El dolor era intenso, más que el miedo. El grito quemó mi garganta, incontenible, insoslayable. Y me odie a mi misma por encontrar el sonido trágicamente hermoso.
Lamió hambriento la sangre en mi espalda, su enorme lengua recordándome que tan pequeña era. Dejo ir mi pecho para tomar mis brazos y girarme en los suyos. Mi ridícula resistencia provocando una encantadora risa que hizo vibrar su pecho.
- Basta.- Ordene. Cociente de que todo era un sueño. Mi sueño. Debía de poder dominarlo.
- La orden debe venir de otro lado Amada Mía... Mía…- Las palabras rodando entre sus gigantescos caninos, mientras bajaba la cabeza a mi abusado hombro para beber la sangre que brotaba suavemente.
Estaba sosteniéndome firmemente contra su pecho, mi cabeza colgando hacia un lado, podía ver la increíble cantidad de testigos hambrientos, no solo los perros pútridos de siempre sino una indefinida cantidad de otro tipo de bestias y humanoides. Mi visión se volvió borrosa y cerré los ojos dejando escasas lágrimas caer. Mis brazos empujaban casi sin energía sus hombros, el par más arriba de los otros dos. Estaba temblando. Me maldije a mi misma y mi torcida imaginación.
El era todo lo que yo quería y más. Pero no era lo que yo quería. No podía controlarlo. El tacto de su piel, su respiración fría sobre la mía, sus manos calientes y su pecho frió y rígido. Me maldije a mi misma otra vez, pensando que nunca debí tocar esa serpiente en el acuario, nunca debí descubrir que tan suaves y frías eran.
Sus gigantescas manos se movieron separándome de mis distracciones, un par encontraron su comodidad en mis caderas mientras otro par acariciaba y peinaba la lana en mis muslos. El último par me sostenía por la espalda y de los hombros.
Me distraje viendo mis manos. A diferencia de antes y de mis pies no eran pesuñas. La lana llegaba hasta los nudillos y mis palmas eran rugosas y duras como el interior de una pezuña. Mientras mis uñas eran negras y gruesas, cuadradas y no largas.
Mordió mi pecho izquierdo entonces. Metiéndolo completamente en sus fauces, succionando como un niño hambriento. Su saliva lubricando la frágil piel, su áspera lengua felina dándome sensaciones que no quería.
- Basta, por favor.- Mi voz se quebraba con un llanto que escasamente podía contener.
- ¿Por qué? Apenas estamos empezando y he esperado eternidades por esto. – Se tomo un minuto para seguir devorando mi piel.- Si de verdad quisieras detenerme podrías hacerlo.- Vi sus alas entonces plegándose a cierta distancia sobre mi cuerpo. Estaba protegiéndome de los hambrientos ojos animalescos. Mi cuerpo al menos. - Quiero que te escuchen, no que te vean. – La pregunta que no pude enunciar. - Sos Mía. – El hambre en sus palabras me asustaba pero no por él, sino por los oscuros deseos que despertaba en mi interior.
Mi cabeza colgaba hacia atrás casi rendida a lo que estaba por venir. Y mi mente me propició la más etérea de las sombras. Parado a un par de metros de mí, una sonrisa elevada solo en el lado y la cara de tonto más hermosa que yo podía recordar haber visto.
- Te amo. – Las palabras escapando mis labios, entre agitados tragos de aire.
El rugió con tanta fuerza que mis oídos se quedaron sin capacidad un minuto. Uso sus enormes alas para cubrir mi rostro. Las manos sosteniendo mis nalgas moviéndose violentamente, arrancando mi única y escasa vestimenta.
- ¡El no puede alcanzarte acá!- El rugido bestial y enfurecido.
Entonces sus dedos acariciaron los labios en mi entrepierna desde atrás uno de ellos abriéndose paso entre los carnosos bultos de piel hasta aparecer del otro lado. Poniendo en el movimiento tanta presión que mi cuerpo tembló ligeramente. Podía sentir una bestia igual de terrible que él golpear los muros de mi mente. Un fuerte gemido encontró su lugar en mi garganta. Poco duro antes de transformarse en llanto.
- No…
-Si… - Golpeaba la voz como el viento, hambrienta como cazador sin presa. Mi mente no tardaría mucho más en perderse. ¿Por que era tan difícil?
Lo había hecho tantas veces en mis sueños. Ponerles pausa y cambiar las cosas como las necesitaba. Caer de la nada y mover las cosas con mis propias manos. Tal ves insignificancias pensando que una escena se vería de una forma mejor que de otra. Pero no importa que tanto esfuerzo hiciera mi subconsciente quería ser violada por el demoníacamente hermoso demonio. Entonces lo entendí.
- Es una pesadilla… - Dije resignada. La risa vibro con fuerza en su pecho llevándome a alturas que no quería llegar.
- La única razón por la que es pesadilla es por que estas pensando en él. – Mi corazón se quebró y mis lágrimas se secaron. Lamió mi pecho hasta mi cara en cortos y rítmicos movimientos. Bebió lágrimas secas sobre mi rostro con dedicación y pereza. Su cuerpo se movió entonces y pude sentir sus piernas con mis patas. Se había sentado. – Querés esto tanto como yo. – Sin soltarme me separo se su pecho y me recostó sobe sus piernas, cruzadas en el piso, el par de manos en mi espalda moviéndose a mi pecho.
Sus manos eran suaves ahora, persistentes en tener tanto de mi como pudieran, pero tan suaves que no podía sentirme invadida. La mano izquierda en mi cadera me abandono un instante. Abrí mis ojos y horrorizada vi sus dedos abandonar su boca y plantarse con una ligera violencia entre mis piernas. No me había penetrado todavía, una ligera frustración y alivio llenaron mi mente. Y yo solo quería poder dejar de sentirlo tanto. Pero sus dos manos trabajando meticulosamente todo el espacio en mi entrepierna me hacia imposible divagar. Entonces pensé en algo.
- ¿Por que yo?- Por que no cualquiera de los otro yo que habitaban mi mente sino el yo que era la directora detrás de cámara, no la protagonista principal.
Su risa vibro y no pude estar más agradecida de ya no estar plantada contra su cuerpo.
- Por que no importa cuanto lo niegues los has visto. La forma en que te miran cuando no tener vergüenza de contestar sus preguntas. La forma en que notan que tu mirada cambia cuando querés devorarte a alguien. La forma en que tu cuerpo se mueve y se ajusta. No importa cuanto trates de engordar, no importa que tan mal te vistas o cuanto te descuides. Cuantos días esperes para bañarte o que tan desprolija te veas. Ellos te ven. Y saben. Saben lo hambrienta que estas, lo oscura que podes ser, lo suave y hermosa, lo salvaje e indomable. Pero tenés dos hermosas maldiciones.- Acentuaba sus palabras con sus movimientos, con caricias bruscas y pequeños pellizcotes.
- No son maldiciones.
- Sin ellas serias lo suficientemente libre…– Empujo juntos mis muslos dejando los dedos que me invadían desde atrás, mientras se llevaba los dedos a la boca de nuevo. Estaba probándome. Estaba perdida.
Su mano libre empujó mis piernas hacia delante y las manos en mis muslos y pecho me llevaron hacia el. Con el trasero en alto y la vagina descubierta. La mano en mi cadera girando a una pocisión más cómoda. Marcando amplios y profundos círculos en los abusados labios. Mi cuerpo me abandono entonces emitiendo hermosos gemidos suaves, mi respiración se había vuelto tan difícil que estaba convencida de que mi mente no estaba recibiendo suficiente oxigeno. Sus alas se doblaron entonces y pude sentir su fuerte respiración sobre la expuesta, húmeda e irritada piel. Entonces su lengua recorrió desde detrás de cóccix hasta la mitad interna de mis muslos. Áspera y profunda, forzando su paso a través de la carne. Un placentero grito atravesó mi boca. Mi mandíbula colgaba mientras trataba desesperada de recuperar algo del aire que me había sido robado.
En la distancia los demonios enloquecían. Querían más. Y no podía sentirme peor por que yo quería más también. El se encorvo sobre mi y pude sentir los tres poderosos penes ubicarse entre los muslos que el sostenía juntos con fuerza. Era su turno de guturar. El ultimo de los miembros rozando y abusando de mí. Pero se sentían tan bien. Mi respiración errática y mi voz incontrolable.
- Si… Así… - El gimió. Y me odie a mi misma, tanto.
Mis manos abandonaron su lugar sobre las manos masajeantes e insistentes en mi pecho. Y les permití ir al suyo. Sabia que empujar era imposible. Pero su pecho estaba tan frió. Entonces lo note. No había un latido.
El gemía, guturaba y rugía. Sus movimientos cada vez más bruscos mientras más se doblaba sobre mí para compensar la diferencia de tamaño. Los gigantescos miembros viriles violaban mis mulos con tanto placer que me vi a mi misma llevando las manos a ellos ofreciendo un poco más, al permitirles chocar con mis palmas cada vez que atravesaban la ancha carne. Su respiración se volvía errática y yo pensaba como pretendía el usar esos tres miembros. Me permití a mi misma estudiar su cuerpo un poco más, el estupor separando la mente de la carne con una finalidad innegable. Me vi escribiendo una historia en mi cabeza. Un sueño lejano de una línea de sacerdotisas y las puertas del infierno. Sí, era una historia sexual y obscena pero era lo que necesitaba para él. Eso y un nombre. Mis manos volvieron al ancho pecho y pude sentir ese extraño amor brotar dentro de mí.
Acaricié la cuerina piel y clave ligeramente las uñas, apenas consiguiendo que las escamas se doblaran sobre si mismas. Pero entonces pasó. Pude ver las fibras musculares empezar a dibujarse con pequeñas luces dentro de su pecho. El rugió con fuerza, una furia apagada. Llevo sus colmillos a mi garganta una amenaza que no podía cumplir. El movimiento liberando los miembros entre mis muslos para dejarlos reposar acumulados entre las entrada de mi vagina y ano. El movimiento espasmódico ligeramente empujando.
Pero entonces entendí, solo se estaba despidiendo de mí. Las luces terminando de dibujar el órgano que allí no estaba. Un corazón, pero no cualquier corazón. Uno que estaba enamorado, una pesada carga para alguien con semejante lujuria. Gruño, suavemente la vibración golpeando directamente mi yugular.
- Abad…- Tan simple como eso. Un nombre contradictorio para el líder de los demonios. Aquel que a pesar de sus faltas conseguiría santidad en su sacrificio.
Desperté entonces… con sus colmillos en mi garganta y su pecho en mis manos, la sensación tardo demasiado en irse. Y no podía dejar de preguntarme que tan real es lo irreal que habita en mi mente.
Grafito
miércoles, 8 de diciembre de 2010
¡Se acerca la Navidad! =D
En las calles se siente el "espíritu navideño" (que no es mas que el consumismo hipócritamente llamado de esta forma pues "consumismo" resulta una palabra muy fea) desde hace como un mes, todavía ni terminábamos de celebrar a nuestros muertos (ni el chingado "halloween") y ya estábamos siendo bombardeados con series de lucesitas con melodías estúpidas e irritantes, árboles de navidad, esferas y coronas navideñas que se exhiben en las tiendas.
Todo mundo empieza a estar "contento" pues "son fechas de perdonar", pero ¿qué es lo que pone mas contenta a la gente? ¿El hecho de que tienen la oportunidad a los demás? ¿O el hecho de que sienten que serán perdonados por todas las chingaderas que hicieron durante todo el año? Casualmente valores que nos pasamos por los huevos todo el pinche año como la empatía, la solidaridad, la amabilidad y la generosidad mágicamente todo el mundo los practica en estas fechas del año, pero hay un detalle, nadie lo lleva a cabo con gente que de verdad lo necesita con las personas y niños que por una u otra razón no tienen un hogar y en su lugar tienen que dormir cagándose de frío en un parque ¿el nombre correcto para esta actitud puede ser hipocresía?
Ocupamos el pretexto de que debemos ser generosos en navidad para derrochar dinero que podría ser usado de una mejor manera, el ser generoso no implica exactamente regalar cosas materiales sin embargo a nadie le importa y hace regalos que al final de cuentas terminan afectando al ambiente ¿Cuántos arboles nos chingaremos en la producción y consumo de papel para envolver regalos? ¿Cuánta basura se genera entre empaques de plástico, bolsas, moños y demás chingaderas que tiramos después de abrir un regalo? ¿Cuántos aparatos eléctricos y electrónicos completamente funcionales no desechamos solo por el hecho de que "el mejor regalo para esta navidad es un amigo kit de failcel"? Lo más cagado es que todos se dan cuenta pero terminan haciéndose pendejos y terminan comprando cosas que no necesitan.
Estas son fechas que de alguna manera u otra nos traen recuerdos jodidos, pues en estas festividades es cuando se hacen notar mas los contrastes: ¿Qué es lo que siente un huérfano al ver simplemente publicidad en la que se muestra a una familia compartiendo la cena de navidad? ¿Realmente perdonamos y disfrutamos la compañía de aquel familiar, amigo o conocido que nos ha hecho algo que nos ha afectado? ¿Qué regala un padre pobre a sus hijos? Eso si, no habrá navidad en la que un pinche chamaco no le reclame a sus padres por no haberle comprado lo que había pedido. Tal parece que en esta época del año es cuando las diferencias sociales y económicas son mas marcadas...
¡¡Pero son épocas de festejar!! ¡Las posadas se vienen! Nadie sabe que madres se celebra en las posadas pero ¡chingue su madre vamos a chupar! Si, soy un pinche amargado o como quieran decirme, simplemente no encuentro motivo para festejar ni para que aflore mi "espíritu navideño". Solo encuentro motivos para decir: Oye Santa... ¡Chinga tu madre!
miércoles, 10 de noviembre de 2010
¿Utopía? Quizá...
Ya en la calle todo seguía siendo igual, caminaba solo por las calles alumbradas. Se subió al camión que siempre lo lleva al metro. Atravesó los torniquetes del metro y se dirigió a los andenes. Como de costumbre el metro iba lleno, como si no cupiera un alma más, sin embargo logró entrar al vagón. De repente notó algo raro en el vagón, todas las personas que iban paradas eran hombres. Volteó hacia todos los asientos que estaban dentro de su rango de visión y fue mayor su sorpresa al ver que todas las personas que iban sentadas eran mujeres y personas mayores. Pensó que quizá no era tan tarde para recuperar la cortesía ni la educación de la sociedad en la que vivía. Al llegar a su destino se preguntó si este detalle se repetía o si el había tenido la suerte de subirse al único vagón en el que sucedía esto, esperó a que llegara el siguiente tren y observó atentamente todos los vagones y se llevó una sorpresa muy grande, al parecer ¡en todos ellos se repetía el fenómeno! Fue una sorpresa que no esperaba sin embargo tenía que irse. Salió y se dispuso a caminar en la fría intemperie, se estaba congelando (algo que era muy común en él), siguió el camino de siempre, se detuvo al contemplar una escena poco común en la ciudad: un señor vestido de traje y con una gabardina negra, todo un empleado de oficina de buen sueldo) le entregaba un abrigo a un mendigo que se encontraba sentado en el suelo. Cabe mencionar que la mayoría de personas que pasaban entregaban una moneda al desamparado. "¿Es el día de la cortesía, caridad y educación? Si esto fuera así todos los días..." Pensó y reanudó su camino. Llegó al almacén, saludó a la chica que le entregaba material todos los días y con la que hacía no mucho tiempo había comenzado una relación. Hasta antes de ese día, habían sido lo más discretos que habían podido, pero ese día eso no les importó mucho, parecía ser un buen día para hacer excepciones, y se saludaron de una forma mas cariñosa, sin importarles lo que dirían, simplemente lo hicieron. Y de todos modos nadie pareció haber notado nada raro. "Demonios, esto se pone cada vez mas raro, todos se contuvieron de hacer comentarios molestos e incómodos..." Pensó de nuevo. Llegó la hora de partir de ahí, se despidió de su novia de la misma manera en que se saludaron y de nuevo nadie dijo nada. Ya en la calle de nuevo notó algo más, quizá lo había visto pero no había puesto atención suficiente, al parecer todas las personas estaban contentas, todos se saludaban como si se conocieran, todos decían gracias y pedían las cosas por favor. Todo esto empezaba a parecer una broma masiva, pero era imposible que lo fuera. Notó que comenzaba a contagiarse de esa alegría, siguió caminando hasta que se olvidó de sus primeras impresiones de ese día, todo parecía marchar bien y él se sentía bien, ese sentimiento era altamente contagioso.
Al llegar a casa todo estaba tranquilo. Después de la cena se dispuso a ir a la cama. Después de la rigurosa lectura nocturna se dispuso a dormir. Apagó todas las luces y se acostó, pensaba en el cambio drástico del que fue testigo. De repente se dio cuenta de que escuchaba un murmullo. Trató de investigar de dónde provenía pero se escuchaba exactamente de la misma manera en todos los lugares a los que caminaba, no notaba cambio alguno en el volumen del sonido, parecía provenir de su cabeza. Se quedó escuchando atentamente tratando de distinguir lo que las voces decían pero no lo lograba. Sin embargo seguía atento, parecía que ahora las voces eran un poco mas altas. Poco a poco empezaba a escucharlas con mas claridad pero todavía no podía distinguir qué era lo que decían. Al parecer era como si dos personas estuvieran discutiendo, un hombre y una mujer eso estaba claro. Estaba intrigado y seguía concentrado en esas extrañas voces intentando captar algunos fragmentos de la conversación. Parecía que lo estaba logrando, comenzaba a entender algunas palabras pero estas no tenían coherencia, se quedó aún mas quieto y poco a poco las palabras comenzaron a formar oraciones:
-¡Llevamos un mes sin encontrar información acerca de este sujeto! ¡Ninguna identificación, historial clínico, antecedentes penales, nada! ¡Es como si nunca hubiera nacido y no existiera! ¡Además estamos gastando recursos que podrían ser usados en pacientes que tienen mas posibilidades de vivir que él!
-¡Esas no son razones que nos den el derecho de decidir sobre la vida de un ser humano!
-Ha llegado otro paciente y necesita esos aparatos...
-¡Debe haber algo mas que podamos hacer por el!
-No lo creo, el paciente que acaba de llegar es el hijo de un importante funcionario público, conducía en estado de ebriedad y chocó, debemos darle prioridad, ¡solo imagina en el problema que nos podemos meter si no atendemos con prioridad al hijo del funcionario!
-¡Está mal darle prioridad a un paciente solo porque es hijo de una persona influyente!
-¡Lo sé! Pero honestamente es una caso mas recuperable que éste. ¡Es muy difícil que alguien salga del coma después de un impacto de bala que ha hecho un daño de esta magnitud! Y aunque se saliera del estado de coma, nada garantiza que pueda ser la misma persona que era...
-Creo que ya tomaste la decisión, esta discusión no tiene caso...
Y de repente todo fue silencio y oscuridad entendió que él era el sujeto sobre el que discutían, comprendió que había estado viviendo una realidad a la que no pertenecía su cuerpo físico, ahora entendía porque ese día había sido diferente, porque había cambiado todo, aparentemente.
Todo parecía indicar que ese viejo óbolo tendría un uso útil después de todo...
viernes, 5 de noviembre de 2010
Perdido...
Ahora se encontraba dando vueltas por las esquinas del brumoso laberinto de la demencia. Sin saber cuando librar los obstáculos ocultos. Perdió la noción del tiempo. Pero seguía caminando. Quizá algún día encontraría la salida, era muy pronto para decir eso, sin embargo tenía esperanzas. Mientras seguiría buscando, dando vueltas por ese maldito laberinto sin paredes. A cada paso que daba solo deseaba encontrarse de frente con la Muerte, la obligaría a darle fin a esa agonía que estaba viviendo.
Y la única pregunta que pasaba por su mente era: ¿Dónde estás?
Y la única respuesta que recibió fue: ...
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Por el bicentenario y el centenario
Sin embargo y aunque parezca lo contrario, me agrada ser mexicana; de haber nacido en la tierra del taco y muchos envidiarán el hecho de que haya vivido en diversos sitios del país (bueno ubicados en el sureste). He viajado y recorrido emblemáticos museos, lugares y he conocido todo tipo de personas.
No puedo decir que esté orgullosa de ser mexicana, porque desafortunadamente me ha tocado vivir y ser testigo de abusos y discriminación; he visto a la mujer sumisa y humillada por el hombre y también he visto al hombre sumiso humillado por la mujer; al hombre explotado por el hombre; a los niños maltratados por hombres y mujeres; al perro callejero apaleado por los niños y hasta al gato flaco y enfermo como juguete de todos.
Viví temporalmente en cierta tierra, donde la niebla y el frío hacían que añorara parte de mi pasado, que me señalaba el presente y marcaba mi futuro. Un lugar donde el reloj no era indispensable; mucho menos importaba si tu calzado era original o pirata. Aquí las tazas de café se disfrutaban al máximo al igual que las pláticas, la compañía y la soledad.
Pero también existía pobreza, discriminación y marginación; donde muchas cosas básicas son un lujo para la población. Y aunque sabemos de su existencia nunca le damos importancia y somos simples espectadores de su vida cotidiana, porque ellos no importan, a la mayoría ni le va ni le viene.
Tampoco puedo sentirme orgullosa de un país que día a día se desintegra no sólo económica, política y moralmente sino también en cultura y educación. De un pueblo que en su mayoría está acostumbrado a leer el TV notas y ver Ventaneando; donde se pelean por ver quién es más guapo si Alatorre o Loret de Mola.
No puedo sentirme orgullosa de “artistas” como los fabricados por Azteca y su maravillosa Academia, ni de los que actúan en “novelitas” de Televisa. Pero sí puedo decir que estoy orgullosa de quienes en verdad estudian en conservatorios o escuelas, de aquellos que son autodidáctas y que en verdad respetan creen y crean arte.
Mucho menos estoy orgullosa del sistema educativo de mi país, ni de los “profesores” que desquitan sus horas de clase en la cantina, de aquellos que acosan alumnos (mujeres u hombres), de esos que piden un billete para echar una manita en la materia y menos de todos esos estudiantes que prefieren al holgazán, el que no les exige y al que pueden sobornar con una botellita de alcohol.
Pero si me enorgullecen esos catedráticos excelentes que no temen la competencia con sus destacados y potencialmente buenos alumnos. Aquellos que se toman a pecho el verdadero significado de la educación, junto con esos jóvenes que demandan calidad educativa, que gustan de trabajar bajo presión con el simple objetivo de saber más cada día.
No soy quien para juzgar o hablar mal de un país y de su gente, digamos que simplemente he entrado en un periodo de frustración total, donde las noticias del día a día terminan por desanimarme. El saber que hay un futuro incierto me hace imaginar infinidad de cosas ¿Y si debrayo un momento?
Anhelo un país donde la calidad educativa esté al nivel de las de Europa, sin maestros haraganes y convenencieros, sin alumnos mediocres ni fantoches. Un país donde todos podamos vivir con lo necesario, sin racismo, ni violencia… ¿Es mucho pedir? Sólo diré: Gracias UNAM por existir, eres el sueño de muchos.
Gracias a todas esas personas que se dedican a construir un mejor espacio para un buen futuro; gracias a esas mentes retrógradas que te animan a darle una cucharada de su propia medicina; gracias al mediocre porque permite que uno sea mejor cada día...
PD: No hay que soñar, hay que despertar y trabajar.
viernes, 29 de octubre de 2010
‘’Kindred hearts and evil minds’’
There’s a lot of people at home: family, friends, employees.. A thousand million faces that came to say goodbye to my wife, a thousand million souls that will always believe a car accident took her life when the truth is, Diane killed herself.
She wasn’t only the smartest woman I’ve ever known, but the most tortured soul on the world. Our marriage lasted 19 years and every single day I knew she felt miserable living a perfect life.
The smile across her face fooled everyone but me, her eyes told me in every sight she would never forgive herself the crime we committed when she was only 15 and I was 17 years old.
But Michael deserved to die on that fire. That son of a bitch brought to Diane and her mother a living hell. He used to be an alcoholic and violent parasite that tortured and abused several times to both Martha and Diane.. Being burned alive was the only punishment he deserved.
The rage on my bloodstream arrived to my fists like the night Diane confessed me her father raped her.. I made a pass trough the crowd and in a few minutes I found myself in the backyard trying to lock again the past inside my mind, but I was already out of control and driving on the highway that Diane chose to die.
My beloved wife killed herself because she couldn’t stand feeling guilty anymore. She made her suicide look like an accident the same way the fire looked like a gas leak.
I thought that running away from home and starting a fancy new life would eventually heal our wounds, but she was right, we were just pretending everything would be alright when we both were drowning on the waters of guilt.
Forgive me father for I have sinned, but life without her is just worthless..
Song: ‘’The Funeral’’